El Centro de Emergencia y Atención Integral 24 horas (CEDIA), ubicado en el barrio de Lucero del distrito madrileño de Carabanchel, se prepara para recibir al Papa León XIV el próximo 6 de junio. Este evento ha generado una gran expectativa entre trabajadores y usuarios del centro, quienes viven esta inminente visita con entusiasmo y esperanza.
Juan José Gómez-Escalonilla, responsable del centro, manifestó su satisfacción ante los medios: «Nosotros somos las manos que lo acompañan. La herramienta es el amor y el afecto por las personas. Que haya decidido entrar por aquí es impresionante y un mensaje nítido para toda la Iglesia y Madrid».
En las paredes del CEDIA se pueden encontrar frases inspiradoras como «No estás solo, estamos a tu lado» y «El amor es el camino de la esperanza». En el año 2025, el centro recibió a 2.534 personas y proporcionó plazas a 880 de ellas. Según las estadísticas, el 80% de quienes llegan al centro no han encontrado empleo, y otros tienen trabajo, pero se encuentran en la calle.
La visita del Vaticano para verificar las actividades del centro tuvo lugar hace unas semanas, y aunque la programación del viaje aún no se hizo oficial, los usuarios y trabajadores ya eran conscientes de la llegada del Pontífice. No se planean preparativos adicionales más allá de ensayar los mensajes que quieren transmitir, buscando visibilizar la realidad de muchas personas en Madrid.
Gómez-Escalonilla añadió: «Lo primero que hacemos es que accedan a los servicios más básicos, como alimentos, ducha y ropa. A partir de ahí se despliegan las herramientas psicosociales, con los trabajadores y los psicólogos. No somos un centro de entretenimiento, sino entrenamiento. Queremos ayudarles a mejorar su situación».
Precariedad y una vivienda inaccesible
El CEDIA se concibe como «una puerta abierta para irse y volver». Muchas personas que han salido en ocasiones no lograron alcanzar sus objetivos, y su filosofía se basa en la idea de que el momento adecuado para cada uno es diferente. Para salir de la vulnerabilidad, los usuarios «necesitan agarrarse de la profesionalidad, el afecto y el apoyo».
Gómez-Escalonilla recordó que los usuarios valoran especialmente el cuidado que reciben, destacando que provienen de contextos vulnerables donde muchas veces ni siquiera se les mira a la cara. «Los estereotipos sobre quienes están en la calle son numerosos, pero son personas normales como tú y yo. A cualquiera nos puede pasar», enfatizó.
El responsable del centro subrayó que los precios del alquiler en Madrid son «precarios» y que la vivienda se ha vuelto «inaccesible». «Hace unos años ayudábamos a las personas a acceder a un piso de alquiler; ahora les ayudamos a conseguir una habitación que puede costar hasta 600 euros al mes», explicó.
Javier, un trabajador social en CEDIA, indicó que la situación en los centros de acogida de Madrid está «colapsada». Los usuarios llegan por iniciativa propia y deben pasar por una entrevista. «Se necesitan más recursos y más políticas sociales para que no haya personas sin hogar», añadió.
Un rayito de esperanza
El CEDIA se enfrenta a la frustración de no poder dar respuesta a las 2.500 personas que atienden anualmente. De cada diez personas que llegan, solo tres logran ingresar. Esto ocurre porque en ocasiones «no hay plazas» disponibles para todos, a pesar de que son personas «normales y corrientes» que merecen «una vida digna».
Carlos, un inmigrante de 35 años que cumple un mes en el centro, llegó recomendado por un amigo en un momento complicado. Considera que el CEDIA es un lugar «maravilloso», al que recomienda a quienes atraviesan «malos momentos». «Vivir en la calle no es grato, pero hay gente que está para ayudarte y acompañarte. Siempre hay un pequeño rayito de esperanza para que la gente vea que se puede salir de esto. Yo tengo 35 años. Esto puede pasarle a cualquiera», resaltó.
De repartir cafés a ser un centro de día y noche
Este proyecto comenzó hace casi 50 años con una furgoneta que llevaba café a las personas vulnerables, brindando un momento de paz y tranquilidad. En 2008, el CEDIA se estableció en Lucero y evolucionó hasta convertirse en un centro de acogida de día y de noche.
Actualmente, cuenta con 92 plazas: 47 destinadas a hombres para la noche, 20 para mujeres y 25 más para el centro de día, que operan de forma independiente. La estancia en el centro suele durar un mes, aunque cada usuario es «diferente y único».
Gómez-Escalonilla indicó que el CEDIA ha evolucionado desde su inicio con la furgoneta, adaptándose a la realidad de las personas sin hogar. De sus usuarios, el 75% son hombres y el 25% son mujeres, y cada vez más se está enfocando en atender a mujeres y jóvenes. Los usuarios provienen de diversas nacionalidades, incluyendo española, latinoamericana, magrebí y subsahariana.
