MADRID, 27 Sep. (EUROPA PRESS) – La Audiencia Provincial de Madrid ha absuelto a un médico que estuvo al frente del Área de Sanidad de la Jefatura de Policía de Madrid de un supuesto caso de acoso sexual y agresión sexual a una agente en 2017 en las propias instalaciones policiales.
La sentencia, a la que tuvo acceso Europa Press, fundamenta la absolución en el principio jurídico ‘in dubio pro reo’, considerando que «ninguno de los seis testigos que depusieron en el juicio ofrecieron elementos corroboradores de la denuncia».
El fiscal había solicitado cuatro años de cárcel al acusado por un delito de acoso sexual y otro de agresión sexual. El procesado ocupaba en 2017, en su condición de médico, el cargo de Jefe del Área de Sanidad de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, unidad donde la víctima comenzó a prestar sus servicios a los 38 años.
Desde el momento de su incorporación, según el fiscal en su escrito de acusación, el acusado mantuvo un trato afable con la funcionaria, usando expresiones del tipo «aquí las chicas que vienen, si responden y se portan bien, yo las coloco luego donde sea», destacando su influencia en la Jefatura.
Desde el inicio de la relación laboral, el acusado, de manera «muy cortes», le cedía siempre el paso, colocando una mano en su cintura de modo que el contacto fue aumentando paulatinamente, lo que comenzaba a incomodar a la funcionaria.
En la primera semana, a pesar de conocer que la funcionaria había tenido problemas médicos en la zona lumbar, el acusado «la llamaba a su despacho y le realizaba, con la excusa de la referida dolencia y con clara intención lasciva, reconocimientos en esa zona».
Le daba «masajes en la zona del cuello, preguntándole por su estado y tuteándola, con la puerta cerrada del despacho, llegando en una ocasión a pedirle que se bajara el pantalón más de lo estrictamente necesario, masajeándole los glúteos y comentándole ‘¿ves? estás muy contracturada’.
Cuando la funcionaria reaccionó de forma brusca, apartándose y cambiando de tono, le lanzó de manera imperativa: «yo no la veo bien, ¿voy a tener que jubilarla?», expresión que utilizaba con frecuencia y que generaba en la afectada una situación intimidatoria y ansiedad que le impedía reaccionar ante el temor de que afectara a su situación laboral.
Con una frecuencia de unas dos veces por semana, el acusado la requería en su despacho, colocándose tras ella y acariciándole el cuello, e incluso llegando a apartarle los tirantes del sujetador, mientras le susurraba «relájate mujer, estás muy tensa, estoy ayudándote para que mejores y no tenga que jubilarte».
En ocasiones, la mantenía en su despacho durante 15 o 20 minutos sin motivo alguno, provocando en la funcionaria una sensación intimidatoria y humillante.
El 7 de septiembre de 2017, aprovechando que el conductor destinado en su área estaba de vacaciones, le pidió a la funcionaria M. M. C. que le llevara en el coche oficial al intercambiador de Moncloa, a pesar de que ella le contestó que no sabía ir. Durante el trayecto, el acusado se sentó en el asiento del copiloto y, en un momento dado, posó su mano sobre la ingle de la funcionaria por encima del pantalón, lo que dejó a la afectada paralizada y sin poder reaccionar hasta llegar a su destino.
