Más de 2.500 ciudades de Estados Unidos acogerán este sábado las protestas más grandes contra la segunda Administración Trump, organizada bajo el lema «Sin Reyes». Este movimiento busca denunciar lo que sus organizadores consideran una deriva autoritaria en el país, mientras que los republicanos critican la manifestación como una demostración de «odio contra América» en medio del cierre del Gobierno.
Según los organizadores, millones de personas se sumarán a este evento, que en su segunda edición aspira a superar la convocatoria previa de junio, donde se estimó la participación de cinco millones de manifestantes. La marcha principal tendrá lugar en Washington D.C., que se prepara para recibir una gran afluencia de personas, y estará colocada bajo el cuidado de un contingente de la Guardia Nacional, que, según la Casa Blanca, busca contener la criminalidad en la capital.
Justificación y contexto de la manifestación
Los organizadores critican que el cierre del Gobierno responde a tácticas dilatorias por parte de los demócratas y lo ven como un sintoma del autoritarismo exacerbado de Trump y su partido. En este sentido, el presidente ha atacado directamente a la oposición, señalando a Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, y sugiriendo que la manifestación es una forma de manipulación por parte de una base rabiosa.
Por su parte, el republicano Mike Johnson también ha manifestado su desdén por la manifestación, describiéndola como una obstrucción democrática. La portavoz de la Casa Blanca, Abigail Jackson, restó importancia a los eventos, adjuntando que «a quién le importa». Sin embargo, los organizadores defienden que este acto es más que una simple reunión, es una afirmación de que «América pertenece al pueblo, no a reyes».
Simbolismo y expectativas
La marcha sugiere a los asistentes que vistan de amarillo, color emblemático asociado a las protestas prodemocráticas que tuvieron lugar en Hong Kong en 2019. Esta elección de vestuario se aprecia como un símbolo de disidencia no violenta y busca recordar que el poder debe emanar del pueblo.
Además de la concentración principal en Washington D.C., habrá marchas significativas en ciudades como Nueva York, San Francisco, Boston, Atlanta, Chicago, Kansas y Honolulu. A nivel internacional, también se esperan concentraciones en Londres, París y en varias ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Sevilla y Málaga.
Esta serie de movilizaciones se presenta como un fuerte indicador del clima social y político en EE. UU., mientras los organizadores asumen que, a pesar de los intentos de invisibilizar la protesta, la participación será masiva y representará un grito colectivo de resistencia ante lo que consideran un ataque a la democracia.
