TOLEDO, 8 Nov. (EUROPA PRESS) – El próximo martes, día 11, comenzará en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Toledo el juicio contra B.M.R, acusado de un delito contra la salud pública en la modalidad de tráfico de drogas para el que el Fiscalía solicita una pena de cuatro años de prisión y el pago de una multa de 436 euros.
Los hechos, según el escrito del Ministerio Público, ocurrieron desde fechas precedentes al 15 de junio de 2020, cuando el acusado se dedicaba a la difusión de cocaína entre terceros, particularmente en su localidad de residencia, Consuegra, con el propósito de obtener los pingües beneficios que ello le reportaba.
En ejecución de esta actividad ilícita, en horas de la mañana de la fecha referida, el acusado, a requerimiento de una de sus clientes habituales, concertó una cita con ella en la calle de la mencionada localidad para satisfacer la demanda de medio gramo de cocaína que le realizó a través de una llamada telefónica.
Al lugar acordado para el encuentro llegaron ambos interesados a bordo de sus respectivos vehículos, apeándose A.O.R. del suyo para introducirse en el del acusado, quien la aguardaba en su interior portando un monedero de color negro que contenía ocho dosis individuales de cocaína, de aproximadamente medio gramo de peso cada una, envueltas en plástico blanco y anudadas con alambre plastificado de color marrón.
Justo en el instante en que el acusado se disponía a hacer entrega a A.O.R. de una de tales dosis, hizo acto de presencia una patrulla de la Guardia Civil, la cual decidió intervenir ante las sospechas de que se estuviera produciendo la venta de droga en el interior del vehículo. Los agentes conocían al propietario, el acusado, a quien desde hacía algunos meses estaban investigando por su presunta participación en delitos contra la salud pública, particularmente en la modalidad de tráfico de cocaína. Asimismo, identificaron el vehículo de A.O.R., una de sus clientes.
Al verse sorprendido, el acusado se metió en la boca la dosis de cocaína, con envoltorio incluido, y comenzó a masticarla hasta ingerirla con el propósito de que no fuera hallada por los agentes de la Guardia Civil.
De forma simultánea, requirió a A.O.R. para que ocultara entre sus ropas el monedero que contenía las restantes dosis de cocaína, ya que pensaba que no sería objeto de cacheo superficial por los agentes, todos ellos de sexo masculino. A.O.R., en un acto instintivo debido a la situación, se guardó bajo su sujetador el monedero.
Una vez que tanto el acusado como A.O.R. estaban fuera del vehículo, esta fue informada de que debería aguardar en el lugar la llegada de una agente de la Guardia Civil para que procediera a su cacheo superficial. Esto incrementó su preocupación por las consecuencias que podría acarrearle la tenencia del monedero con la sustancia estupefaciente. En un momento de desespero y creyendo erróneamente que ninguno de los agentes le prestaba atención, extrajo el monedero de entre su ropa interior y lo arrojó a un terreno aledaño.
La maniobra fue captada por uno de los policías que se aprestó a recuperar el monedero, pudiendo comprobar que en su interior había 3,68 gramos de cocaína con una riqueza media del 79,56%, distribuidos en siete envoltorios plásticos anudados.
Además, al acusado le fueron ocupados ochocientos euros en metálico, distribuidos en siete billetes de cincuenta euros, dieciocho billetes de veinte euros y nueve billetes de diez euros, que provenían del producto obtenido por su dedicación al tráfico de drogas. El importe que podría haber obtenido el acusado mediante la venta de las ocho dosis de cocaína ascendía, como mínimo, a los 218 euros.
