El champiñón de la Manchuela conquense se destaca por su «cultivo prácticamente ecológico», evitando casi por completo plaguicidas de origen químico. Cada vez se buscan más alternativas sostenibles para el control de enfermedades mediante el uso de «agentes biológicos», como los derivados del ajo.
En una reciente entrevista, Francisco Gea, director del Centro de Investigación, Experimentación y Servicios del Champiñón (CIES), ubicado en Quintanar del Rey (Cuenca), enfatizó el valor «sostenible al cien por cien» de este producto. En la región se cultivan el champiñón blanco, portobelo, seta ostra, y está incrementando la producción del champiñón shiitake. En el CIES se llevan a cabo entre seis y ocho ciclos de cultivo al año.
Para su cultivo, solo se autoriza el uso de «un fungicida y un plaguicida» para el control de plagas y enfermedades, una línea de investigación a la que el CIES dedica esfuerzos constantes. Además, se realizan pruebas con otros métodos de «control biológico». Gea menciona que, probando ciertos productos regionales como los derivados del ajo, se pueden introducir innovaciones en el cultivo de champiñón, ayudando a controlar plagas y enfermedades y cerrando así el ciclo ecológico.
Implementando «la bioeconomía circular», se esperan resultados que permitan «eliminar a otro hongo que está afectando al champiñón», sin evaluar negativamente su producción. Otros agentes biológicos probados en el CIES han sido aceites esenciales de plantas aromáticas, como la ajedrea o el tomillo, que si bien han dado resultados «interesantes», no son rentables dado su alto costo.
DIVERSIFICAR CULTIVOS
Gea también aboga por diversificar las actividades en el cultivo de hongos, sugiriendo que hay muchos hongos medicinales que podrían cosecharse. Investigaciones sobre el ‘hongo del sol’ muestran que esta alternativa es alentadora para los cultivadores de Manchuela, quienes ya están familiarizados con el cultivo de hongos.
“Por ejemplo, si están cultivando champiñón blanco, podrían considerar cultivar otras variedades como Hericium o el Agaricus subrufescens”, agregó Gea.
CONTROL EXHAUSTIVO DE LA HUMEDAD
José Ángel García, productor de Champifur, que produce 80.000 kilos al mes de champiñón y 20.000 kilos de setas, con una facturación anual de aproximadamente 2.000.000 euros, explica que este producto necesita ser cultivado en naves, ya que no puede estar expuesto a la intemperie, dado que requiere un control minucioso de la humedad.
El proceso comienza con un paquete de compost, al que se le añade una «capa de basura» después de cinco días. Los residuos como la turba y la gallinaza ayudan a potenciar la semilla del champiñón, cuyas primeras floradas son visibles a los quince días. García enfatiza que no se utilizan productos químicos en la producción del champiñón, excepto el cloro usado para limpiar las naves donde se cultiva, que no entra en contacto con el producto final.
Respecto a las plagas, especialmente las que surgen en verano, García menciona que el mosquito es su principal adversario. Para combatirlo, se instalan mallas que atrapan a los mosquitos dentro de las instalaciones. Este verano ha sido desastroso, con temperaturas que han sobrepasado los 40 grados Celsius. «Es difícil reducir la temperatura a 25 grados», explica, añadiendo que una de sus soluciones es enfriar los pasillos de las naves.
García también insiste en la importancia de seguir incentivando el cultivo de champiñón entre los agricultores pequeños.
OFRECER UN PRODUCTO FRESCO
La cooperativa Champiñones Rey, que comercializa champiñón a nivel nacional, trabaja con 13 socios-productores que traen el producto para ser transformado y envasado. Antonio Figuerez, gerente de la cooperativa, explica que “el champiñón recogido hoy en nuestros cultivos estará mañana mismo en las estanterías de toda España”. En esta cooperativa, el 20% de la producción se presenta laminado y el 80% se envasado.
Colaboran con plataformas como Día, Covirán y Lidl, y abastecen mercados en Madrid, Sevilla, Granada y Málaga. La principal ventaja competitiva de esta cooperativa es ofrecer un producto fresco y de calidad. “Es muy difícil que el producto que venga de fuera de España tenga las mismas cualidades al cliente final”, destaca Figuerez.
Desde su inicio, el cultivo de champiñón en La Manchuela ha sido una tradición que perdura por más de 50 años, y su producción se estima en torno a 4.000.000 kilos, generando unos 6.500.000 euros de facturación. Sin embargo, en Champiñones Rey han notado una reducción en la producción, trabajando actualmente al 60% de su capacidad. “Si pudiéramos recibir 8.000.000 kilos, seríamos capaces de transformarlo y llevarlo al mercado”, afirma el gerente, quien atribuye esta disminución a la falta de relevo generacional en la actividad.
Desde su posición, Figuerez alienta a la comunidad local a invertir en esta actividad agrícola.
FERIA DEL CHAMPIÑÓN
Por otro lado, el diputado de Emprendimiento de la Diputación de Cuenca, Javier Cebrián, subrayó cómo el cultivo del champiñón contribuye a la fijación de población en la zona, anunciando que la II Feria del Champiñón se celebrará previsiblemente en febrero. En relación a la escasez de productores, Cebrián indicó que desde la Diputación están realizando un estudio, a través del Centro de Innovación Territorial, para detectar los oficios que requieren relevo generacional. Esto ha resaltado el potencial del sector del champiñón y el hecho de que se puede «vivir de él».
Además, Cebrián pidió «empujar» la Indicacion Geográfica Protegida relacionada con el champiñón, lo que podría representar un «impulso económico para la provincia y comarca», y destinar más atención a un sector que genera oportunidades laborales.
