Barcelona, 21 de febrero (EUROPA PRESS) – El jefe adjunto de la Brigada Judicial de la Policía Nacional de Barcelona, el inspector Carlos Gil, encargado del Grupo de Localización de Fugitivos en Catalunya, ha señalado que los delincuentes eligen esconderse en la capital catalana por diversas razones, incluyendo la proximidad a sus círculos de poder en sus países de origen. «Siguen en contacto con sus organizaciones para seguir controlando sus negocios», ha afirmado.
Esta unidad, creada en 2018 y compuesta en la actualidad por siete efectivos, opera principalmente en la provincia de Barcelona. Está especializada en la captura de prófugos internacionales y españoles que se esconden en esta área a través de las órdenes de detención dictadas por sus países de origen.
Gil expone un ejemplo: «Si yo soy del crimen organizado francés de Marsella y estoy en Barcelona, estoy cerca. Porque si a lo mejor me voy a Brasil y me quedo, puede haber alguien que esté debajo de mí que quiera ocupar mi puesto aprovechando que estoy tan lejos».
Otros Factores
Además de la cercanía a sus redes, los delincuentes escogen ciudades como Barcelona, así como otras en la zona del Mediterráneo hasta alcanzar Málaga y Cádiz, por la calidad de vida que ofrece, a pesar de que el inspector reconoce que esto puede sonar a un tópico: «Vives bien, es una zona privilegiada en todos los sentidos».
El inspector señala que los delincuentes sienten que pueden pasar desapercibidos en áreas turísticas como Barcelona, especialmente aquellos de origen italiano, dado que la ciudad condal alberga a la comunidad de expatriados italianos más grande de España.
Por otro lado, los fugitivos cuentan con «todas las posibilidades de vías de comunicación», como vuelos internos en España o en el Espacio Schengen, donde pueden viajar gracias a documentos de identidad falsificados. Esto, junto a la facilidad para moverse por carretera, les permite eludir la posible presencia policial en fronteras.
Finalmente, los prófugos se establecen en Barcelona —así como en otras ciudades españolas— porque consideran que es un territorio «seguro», a pesar de que Gil indica que la Policía se encuentra cada vez más con la presencia de armas, algunas de las cuales pueden ser de guerra, utilizadas para defenderse de clanes rivales en sus países de origen.
Cooperación con Otros Países
<pEn cuanto a la tipología de delitos cometidos por fugitivos en Barcelona, Gil menciona una amplia variedad, que incluye tráfico de drogas, crimen organizado (como mafias italianas y cárteles de los Balcanes), homicidios, agresiones sexuales y estafas, que a menudo están vinculadas a estructuras criminales más complejas.
Al tratar con fugitivos de diversas nacionalidades, el inspector resalta la importancia de cooperar con sus países de origen, que ofrecen información inicial a través de órdenes de detención europeas o «notificaciones rojas» de Interpol. Así, el Grupo de Localización de Fugitivos inicia su propio proceso, complementado por el apoyo de oficiales de enlace de los países correspondientes, que facilitan información relevante.
Sin embargo, Gil recalca que algunas «notificaciones rojas» no contienen suficiente información para verificar que el delito por el cual se busca al fugitivo es grave, especialmente en casos relacionados con religión o disidencia política: «Hay una amalgama de países que son sospechosos o dudosos», aunque no especifica cuáles.
Pacientes, Disponibles y Buenos Fisonomistas
Gil describe un perfil específico para los integrantes de este grupo, que deben ser buenos fisonomistas capaces de identificar y reconocer a fugitivos con frecuencia a partir de una sola fotografía de referencia. También deben ser pacientes, ya que las operaciones pueden llevar tiempo, y tener una buena adaptación al entorno, además de estar disponibles «24/7» para llevar a cabo detenciones en cualquier lugar y momento.
El inspector afirma: «Ellos han de tener suerte todos los días. Nosotros necesitamos solo una oportunidad, pero esa uno tenemos que estar». Las investigaciones previas incluyen consultar fuentes documentales abiertas, realizar vigilancia si se conoce algún domicilio o área de movimiento, interceptar llamadas telefónicas y rastrear perfiles de redes sociales.
Cuando están seguros de la ubicación del fugitivo, solicitan autorización a la autoridad judicial para entrar y registrar el domicilio, aunque los prófugos suelen tomar múltiples medidas de precaución para evitar ser detectados.
Gil recuerda un caso en el que detuvieron a un miembro de una mafia italiana en Barcelona, quien había permanecido encerrado varios días, saliendo solo por la noche a comprar comida que le traían con fuertes medidas de protección.
Para abordar las detenciones, el grupo recibe formación especializada en técnica operativa. «A veces tienes que actuar, cerrar un coche en marcha. Estas cosas no son fáciles», dice Gil, sugiriendo que lo mejor es contar con Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES), que cuentan con armamento especializado y escudos balísticos, proporcionando mayor seguridad durante las intervenciones.
«No Dejan de Ser Personas»
Además de tener un componente de suerte, los agentes deben recordar que los fugitivos «no dejan de ser personas» que necesitan comunicarse. Un simple encuentro con un familiar o pareja puede conducir a un error, que la policía puede aprovechar para actuar.
Gil ilustra esto con un caso de un delincuente relacionado con el tráfico de drogas, que fue detenido hace unos años cerca de la avenida del Paral·lel de Barcelona mientras se reunía con su pareja después de un largo tiempo sin verse, lo que «fastidió su noche de amor», bromea el inspector.
Otro ejemplo es el de un agresor sexual que, tras violar y asesinar a un niño en Holanda, se escondió en Catalunya. La Policía Nacional logró su arresto en 2018 gracias a la colaboración de un compatriota que lo había encontrado en un campamento aislado en un área boscosa de Castellterçol (Barcelona). Este contacto llamó a la policía neerlandesa, activando los mecanismos necesarios para su detención.
