
VALLADOLID, 20 Mar. (EUROPA PRESS) – El ilustrador y humorista gráfico José María Nieto González ha pronunciado este viernes el pregón de la Semana Santa en la Catedral de Valladolid, donde ha explorado la relación entre el humor y el relato de la Pasión de Cristo. Según sus palabras, «a la luz de la fe, todo tiene gracia. Gracia con mayúscula y con minúscula».
Ante una Catedral abarrotada, Nieto destacó que, aunque el humor en los textos evangélicos se limita al escarnio de los romanos a Jesús, como el cartel que decía «Rey de los judíos» o la corona de espinas que le colocaron, también hay elementos de gracia. «A la luz de la fe, todo tiene gracia», añadió.
El humorista se refirió a la entrada de Jesús en Jerusalén sobre una «humilde borriquilla», calificado como una «broma divina». Reflexionó sobre cómo, en tiempos pasados, los humoristas gráficos gustaban de hacer viñetas sobre la Semana Santa, mientras que ahora «la corrección política divide a la sociedad y hace sospechoso el humor».
Rechazo a la fe
En esos tiempos polarizados, Nieto indicó que la fe «provoca un rechazo sordo». Resaltó que existen dos tipos de tradiciones: las auténticas, que «hablan del ser profundo de los pueblos», y las inventadas en contextos ideológicos o circunstancias históricas. Además, defendió que los devotos buscan preservar «el significado profundo» de la Semana Santa, que va más allá de su valor cultural o turístico. Este significado, afirmó, se convierte en un «misterio» que intensifica todo: «si es pura, es purísima; si es santa, es santísima».
El pregonero subrayó que las calles se convierten en templos, recordando la iglesia de La Piedad, que se transformó en calle al ocupar el lugar por donde hoy pasa la calle López Gómez. Citó las “calles figuradas”, como la calle de la Amargura o el Vía Crucis, que delimitan «una ZBE, una zona de benditas emociones».
Durante su intervención, recordó sus años como infografista del periódico y cómo solía trasnochar dibujando los recorridos de las procesiones. Lamentó que nadie piense en los dibujantes de mapas a la hora de poner nombres de calles en espacios reducidos, porque «no hay forma de que quepan las letras».
Nieto también se refirió a su lugar favorito para seguir las procesiones, justo frente al Clínico durante la procesión de ‘Penitencia y Caridad’, y describió su «penosa» búsqueda de un bordillo libre desde el que ver la salida del Cristo de la Luz, expresando su frustración por su baja estatura. «Cuando rinda cuentas de mi vida, si nuestro Señor me pregunta ¿me buscaste? Le podré responder: sí, Jesús mío, lo hice: poniéndome de puntillas en los bordillos de la plaza de Santa Cruz», agregó, apuntando hacia las normas no escritas de «mirar con gesto de reproche» a quienes atraviesan el camino de una procesión.
Con humor, comparó a los cofrades con «setas» y planteó la confusión entre la Oración en el Huerto y la Vera Cruz, debido a sus atuendos similares. También mencionó que la atención durante las procesiones recae en «esa colección formidable de cristo azotados» y recordó las palabras del escritor José Jiménez Lozano, que decía que en una tierra como esta, los cristos parecen morir todo el año y de siglo en siglo, «sin esperanza alguna».
En un tono reflexivo, Nieto compartió que cada Domingo de Resurrección daba «rienda suelta» a su «Gozo Pascual» dibujando la escena de las tres mujeres ante el sepulcro vacío. Expresó su deseo de que existiese un paso dedicado a este momento de la Semana Santa vallisoletana.
Concluyó su pregón afirmando que, a la luz de la fe, «todo tiene gracia con minúscula y todo es Gracia con mayúscula». Animó a todos a tener listos los hábitos, relucidos los zapatos, preparados estrenos para el Domingo de Ramos, visitar siete iglesias y «regar los huertos urbanos del alma». También recordó la importancia de «encender una velita y escuchar una vez más el relato de la Salvación en la Vigilia Pascual, la historia más bella jamás contada, la más misteriosa, terrible y esperanzadora».
Finalmente, pidió que todo se hiciera «como buenos vallisoletanos», sin darse «importancia, sin descomponer el gesto ni exhibir innecesariamente las emociones», porque en Valladolid se sabe que «guardar las formas es guardar el fondo».
