CUENCA 16 Sep. (EUROPA PRESS) – Agripina Osma Chicano, madre de cinco hijos, abuela de once nietos y bisabuela de ocho, acaba de conocer a sus 89 años a Lucas, su primer tataranieto, quien marca el inicio de la quinta generación que preside la matriarca.
En conversación con miembros de las cinco generaciones que ella encabeza, formadas de la mano de su difunto marido Reyes, Agripina rememora el año 1962, cuando nació María Ángeles, el segundo de sus cinco hijos y quien sería la primera en hacerla abuela.
“No era una niña mala, no hacía muchas trastadas”, recuerda Agripina desde el parque El Vivero, en Cuenca, rodeada de su familia. Remontándose a finales de los años 70, evoca cómo ‘Angelines’ regresó a casa embarazada de su novio Enrique a la tierna edad de 16 años. “Se lo noté. ¿Tú te crees, con 16 años? ¡Menudo engorro!», pensó en aquel entonces, antes de conocer a Vanesa, su primera nieta. “Salió bien hermosona”.
Vanesa compartió una buena parte de su infancia en las faldas de Agripina, a tal punto que, 45 años después, sigue teniendo el privilegio de llamarla ‘mamá’. “Estaba aquí todos los días. Aquí dormía, no se iba”, explica Agripina. Uno de sus recuerdos más marcados es cuando Angelines y Enrique llegaron de madrugada a casa porque la niña no paraba de llorar. “La cogí, la llevé al cuquillo, la tapé… ¡y ya no dijo nada en toda la noche!”.
Agripina y Reyes construyeron una familia que, como ella misma afirma, “nunca ha pasado hambre, de ninguna manera”. “Éramos pobres, pero nos daba. Hacía tortilla, lentejas, patatas… según venía el mundo”.
La nieta resultó ser traviesa, algo que su abuela corrobora al recordar las aventuras de Vanesa en el barrio de Las Quinientas, especialmente hasta que apareció de la mano de José. “No me parecía bien al principio, pero ha salido bueno el muchacho. Demasiado”, bromea.
Este fue el paso previo a la llegada de la cuarta generación, representada por el primer hijo de ambos, Adrián, nacido en el año 2000. “Era un niño muy atojadizo”, aunque Agripina admite que “ha mejorado”. “Ahora está muy bien”, ríe hablando del primero de sus ocho bisnietos. “Como venga otro, no los voy a poder sujetar”.
Un cuarto de siglo después de convertirse en bisabuela, Adrián, junto a su pareja Patricia, le dio a Agripina su primer tataranieto el pasado 19 de agosto. “¿Cómo no me va a dar alegría? Me doy por satisfecha”.
Angelines y Enrique, precoces pero necesarios
Angelines y Enrique se convirtieron en bisabuelos hace unas semanas. Ella guarda un recuerdo bonito de su infancia, comenzando en su casa de la calle del Cerrillo de Santiago, donde eran solo tres hermanas.
“Dormíamos todas juntas en una habitación porque la casa era muy pequeñita. Recuerdo una infancia muy bonita con ellos”, relata emocionada, evocando a su padre Reyes.
En la Cuenca de los 70, esa infancia se caracterizaba por el trabajo duro. “No éramos ricos, pero tampoco pobres. Nunca nos faltó nada, se aseguraron de que lo tuviésemos todo”. Sin embargo, esa infancia dio paso a una adolescencia apresurada tras quedar embarazada de Enrique a los 16 años.
Su noviazgo prematuro, aunque fructífero, tuvo que sortear algunas dificultades, incluida la vigilancia de Reyes, quien interceptó en alguna ocasión un “te quiero” furtivo de Enrique. “Y a mí, ¿me quieres?”, le preguntó Reyes a su futuro yerno. “Como suegro, sí”, recuerda Enrique.
En el año 1980 nació Vanesa, la primera de dos hijas que se criaron, en gran parte, con Agripina y Reyes, a quienes llamaban ‘papás’.
A finales del siglo XX llegó el momento de convertirse en abuela a los 37 años con la llegada de Adrián. “Y tan feliz”, sin saber que 25 años después, con 62 recién cumplidos, se convertiría en bisabuela, “con la misma energía, pero un poco más coja”.
Los años y el crecimiento familiar le hacen a Angelines sentir orgullo por ser un eslabón importante en esta cadena.
Vanesa y José, tercera generación
Vanesa y José ya son abuelos, aunque se ven como jóvenes cuarentones. En línea con lo que dicen Angelines y Agripina, Vanesa reflexiona sobre su infancia, marcada por Agripina y Reyes. “Mi infancia ha sido muy feliz. Para mí, eran mis segundos padres”.
Aún en 1995, con solo 15 años, conoció a José, vecino del barrio de Las Quinientas, que le llevaba algunos años. “Me dejaba en casa durmiendo y se iba con sus amigos», recuerda entre risas sobre los inicios de su relación.
El noviazgo se formalizó antes de la boda con la llegada de Adrián, un niño deseado a pesar de la juventud de Vanesa. “Tenías que tener un trabajo estable, queríamos vivir juntos, ya teníamos nuestro piso y queríamos formar una familia”.
Entrando en el siglo XXI, Adrián representa la cuarta generación, siendo “un niño muy querido por todos”, teniendo una infancia muy distinta a la de sus antecesores. Y 25 años después, junto a Patricia, dieron la bienvenida a Lucas.
“Pensaba que a Adrián me iba a costar echarlo de casa”, bromean Vanesa y José, quienes, siendo abuelos antes de los 50, consideran que es la mejor etapa para vivir esta experiencia.
Adrián y Patricia, padres primerizos
Adrián sostiene en brazos a Lucas, junto a Patricia, mientras responden a las preguntas en esta entrevista. Adrián asegura que contar con una sólida estructura familiar ha sido un factor importante al embarcarse en la aventura de la paternidad.
“Da mucha tranquilidad, porque sabes que vas a tener ayuda de todos lados. Los dos trabajamos todo el día y alguien en esta familia tendrá que quedarse con él, quieran o no. La tía, la abuela… ¡o la tatarabuela!”, comenta Adrián.
Ahora, Adrián se ha propuesto brindar a Lucas una infancia similar a la que él disfrutó, llena de momentos en la calle. “Me crié en el pueblo, y eso es muy distinto. Quiero esa infancia para él”.
Algo que no sería posible en una gran ciudad, que será la clave para que Patricia y Adrián puedan observar crecer a Lucas, quien es un hijo, nieto, bisnieto y tataranieto, con la única tristeza de que no podrá conocer a Reyes, su tatarabuelo “espontáneo”.
Reyes y Agripina trajeron al mundo a Angustias, Angelines, Ana, María del Carmen y Miguel, cinco hijos que, a la postre, proporcionaron diez nietas y un nieto. Leticia, Humberto, Elena, Melisa, Vanesa, Cristina, Miriam, Emma, Ainhoa, Ariadna y la segunda de las Miriam fueron los representantes de la tercera generación.
La ronda de bisnietos inició con Adrián y sumó desde el siglo XXI a Alejandra, Carlota, Alexia, Martina, Marina, Daniel y Aitor. Lucas, que aún no cuenta un mes, pone la guinda a una familia presidida por Agripina.
