Investigar sobre el Alzheimer implica no solo su diagnóstico y tratamiento, sino también identificar factores de riesgo que a menudo pasan desapercibidos para la población general pero que son cruciales, como el nivel cultural de las personas. Esto se ha puesto de manifiesto en reciente análisis del investigador Javier Tubío, profesor y experto en gerontología y neuropsicología de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
En el contexto de la celebración del Día Mundial del Alzheimer, Tubío ha comentado cómo esta enfermedad neurodegenerativa, que se caracteriza por la muerte progresiva de neuronas, afecta las funciones cognitivas, la memoria y el lenguaje, así como la capacidad para ejecutar actividades motrices aprendidas. Este fenómeno no ocurre por una única causa; si bien existen alteraciones genéticas hereditarias, en la mayoría de los casos, el Alzheimer se relaciona con la exposición a tóxicos como el tabaco y el alcohol.
De hecho, se estima que alrededor del cuarenta por ciento de los factores de riesgo asociables son potencialmente prevenibles a lo largo de la vida. «Lo peor que le podemos hacer a nuestro cerebro es exponerlo a tóxicos, y esto incluye el alcohol y el tabaco», subraya Tubío. Este especialista aclara que, aunque existía un mito sobre la nicotina como un posible factor de prevención, la realidad es que se ha demostrado que es un factor de riesgo significativo, al igual que el consumo de alcohol.
Factores Poco Conocidos en la Prevención
Existen varios factores que ayudan a mitigar el riesgo de enfermedad, como el ejercicio, el buen sueño y una alimentación equilibrada. Sin embargo, Tubío destaca que hay otros factores de riesgo que son menos conocidos, pero que pueden tener incluso más peso, como el nivel educativo. «Se ha demostrado que, dentro del 40 % de factores prevenibles, el tener un alto nivel educativo es lo que más influye», afirma.
El investigador señala que las personas sin ningún tipo de formación pueden incrementar su riesgo en un siete por ciento adicional. A lo largo de la vida, es posible modelar el cerebro, y enfrentarse al aprendizaje genera más conexiones neuronales. Esta red de conexiones, que se fortalece mediante la educación, puede amortiguar la progresión de la demencia o el Alzheimer, un concepto conocido como reserva cognitiva. Gracias a esto, las consecuencias de la enfermedad podrían ser menos severas y aparecer más tarde.
Nivel Educativo y Retraso del Alzheimer
Por ejemplo, una persona sin estudios podría presentar síntomas a los 55 años, mientras que alguien con una formación académica más avanzada, que ha trabajado en su reserva cognitiva, podría desarrollar los primeros síntomas de la enfermedad entre 20 y 30 años más tarde.
A la hora de hablar de nivel educativo, no solo se considera la formación académica formal, sino también la adquisición de conocimientos a través de aprendizajes informales. Otro aspecto relevante es llevar una vida social activa, ya que interaccionar con amigos y mantener una red social robusta puede contribuir significativamente a retrasar la aparición de síntomas. «Cuando estás con otras personas, te estimulas continuamente, participas en más actividades y te mantienes activo», explica Tubío.
En este sentido, la Inteligencia Artificial puede ser una aliada, dado que el aprendizaje para su uso requiere un esfuerzo que, de por sí, estimula el cerebro. Además, si la tecnología facilita el acceso a recursos y actividades con otras personas, «puede resultar beneficiosa». Sin embargo, advierte que si se utiliza para evitar el esfuerzo mental (como pedir a una máquina que haga todo), se pierde la oportunidad de ejercitar el pensamiento.
Finalmente, otra actividad recomendada para el cerebro es escribir, ya que implica concentración y organización de ideas. Hacerlo a mano estimula las conductas motrices aprendidas, lo que contribuye aún más a la salud cerebral.
