VALLADOLID, 1 Mar. (EUROPA PRESS) – El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha llamado a los bautizados a intensificar su vida de fe, esperanza y caridad durante la Cuaresma, que debe marcar toda su existencia. En su reciente Carta Pastoral, titulada ‘Bautizados’, Argüello invita a combatir las causas que conducen al empobrecimiento y a profundizar en el aspecto espiritual del Bautismo.
Reflexión sobre la Cuaresma
El arzobispo ha destacado que la Cuaresma es un tiempo propicio para profundizar en el misterio de Cristo y renovar el Bautismo en la Vigilia Pascual, especialmente para los catecúmenos que se preparan para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. Argüello ha recordado que en el reciente Sínodo se ha subrayado la relevancia del Bautismo, afirmando que todos los bautizados están llamados a participar en la comunión y la misión de la Iglesia.
Significado del Bautismo
En su reflexión, Argüello ha resaltado el Bautismo como un sacramento que responde a la pregunta: «¿Qué pides a la Iglesia?», que puede concretarse en la fe, la gracia de Dios, la incorporación al cuerpo de Cristo y la vida eterna. Este sacramento, ha explicado, abre un «coloquio permanente» entre fe y razón, gracia y libertad. Al hacerlo, ensancha la razón y purifica la libertad del creyente, quien debe vivir en obediencia al plan de amor de Dios.
Diálogo con la sociedad
El arzobispo también ha enfatizado que el Bautismo incorpora a los fieles a la Iglesia como pueblo de Dios en diálogo con la sociedad. Este diálogo se manifiesta en la oferta de la novedad del Evangelio, la fraternidad, el perdón y la propuesta de una «vida buena» fundamentada en los mandamientos y en el nuevo mandamiento del amor.
Esperanza en tiempos difíciles
Argüello ha expresado que el Bautismo transforma a los cristianos en «ciudadanos del Cielo» y los introduce en un diálogo entre la historia y la vida eterna, permitiéndoles ofrecer «esperanza concreta» ante situaciones complejas y fracasos. Este horizonte espiritual también lleva a cuidar de «los más pequeños, los empobrecidos, los enfermos y los que están solos», donde se hace visible el encuentro entre historia y Reino de Dios.
El arzobispo concluye su carta recordando la importancia de combatir las causas que generan empobrecimiento, reafirmando el compromiso de la Iglesia en la promoción de una vida digna y en la defensa de los más vulnerables en la sociedad.
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