El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha convocado oficialmente una Asamblea Diocesana para seguir la pauta del Sínodo y unirse a la reflexión de la Iglesia en Castilla, celebrando la condición de «pueblo de reyes» de la comunidad. Según ha detallado, el objetivo principal es realizar un discernimiento profundo sobre cómo vivir el tiempo presente ante los cambios demográficos, culturales, económicos y políticos que afectan a la sociedad actual.
Esta convocatoria se realizó durante la Homilía de la Misa Crismal de Jueves Santo 2026, celebrada en la Catedral de Valladolid. A la ceremonia asistieron el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid; el obispo emérito de Santander, monseñor Manuel Sánchez Monge, y cerca de un centenar de presbíteros, quienes renovaron sus promesas sacerdotales.
Durante la Misa, en la que se consagró el Santo Crisma y se bendijeron los óleos, Argüello afirmó que el mayor desafío que afronta la Iglesia en la actualidad es colaborar con el Espíritu Santo para «hacer nuevos cristianos». Insistió en que esta tarea debe realizarse mediante el anuncio del Evangelio como «kerigma de salvación», apoyándose «en el testimonio, la escucha, el diálogo y la palabra de los fieles».
El arzobispo subrayó la importancia de las parroquias como espacios de acogida para proponer el camino de la iniciación cristiana a quienes se acercan a la vida eclesial motivados por diversas experiencias de fe. La Asamblea Diocesana también busca encarnar la novedad del catecumenado bautismal instaurado por el Concilio Vaticano II, lo que el prelado ha calificado como un «giro en la vida de la Iglesia».
Reflexiones sobre el Bautismo y la Vida Comunitaria
En su intervención, Argüello invitó a reflexionar sobre la importancia de las pilas bautismales, destacando que ser cristiano no es una opción personal, sino un «regalo de la Gracia» que debe ser acogido con libertad. Además, valoró iniciativas como los retiros de fin de semana, la adoración eucarística y la recepción del perdón, como vías fundamentales para fortalecer la vida comunitaria.
Durante la celebración, recordó que la Iglesia se expresa como un «pueblo de ungidos» consagrado para llevar el Evangelio a los pobres. Afirmó que todos los miembros de la asamblea participan de la comunión y misión de la Iglesia, agradeciendo específicamente a los matrimonios por su alianza y colaboración con el «Dios Creador».
Argüello enfatizó que la Iglesia es una asamblea santa que alaba a su Señor e incorpora la entrega de Jesucristo a través de la liturgia. Hizo un llamamiento a los ministros ordenados para que asuman su responsabilidad extraordinaria como signos de entrega y comunión «sin mirar el reloj».
«El sacerdocio no es una función, no es una tarea, es una existencia. Solo unidos a Jesucristo y sostenidos por el Espíritu que brota de su costado y de su aliento, podemos ensayar esta existencia que innova las relaciones y el mundo en el que vivimos», añadió.
Finalmente, el arzobispo instó a toda la comunidad a bendecir al Señor y a sentirse «arrastrados» por el testimonio de una vida entregada que sostiene el propio Cuerpo de Cristo en las manos.
