PALMA 5 Nov. (EUROPA PRESS) – Baleares presenta una tasa de exclusión social del 19,1 % en el año 2024, lo que representa un ligero descenso respecto al 20,7 % del año 2018, según los datos publicados este miércoles en el IX Informe Foessa, presentado por Cáritas Española. Sin embargo, el informe alerta de un aumento en lo que se denomina integración precaria y exclusión moderada.
Específicamente, Baleares muestra una tasa de exclusión severa del 7,7 % (1,9 puntos menos), un 11,3 % en exclusión moderada (0,2 puntos más), 38,9 % de integración precaria (2,5 puntos más) y un 42 % de integración plena (0,9 puntos menos).
El Informe Foessa también aborda otros temas relevantes, como la corrupción, que plantea un problema que amenaza la legitimidad de las instituciones. Además, se refiere a la eliminación de la Oficina de Prevención y Lucha contra la Corrupción en Baleares y alertan sobre el impacto que esto tiene en la permeabilidad de los discursos populistas.
Proceso inédito de fragmentación social
El IX Informe Foessa ha hecho hincapié en un «proceso inédito de fragmentación social» en España, donde una «aparente bonanza» convive con «una de las tasas de desigualdad más altas de Europa». Actualmente, 4,3 millones de personas viven en situación de exclusión severa, de las cuales un tercio son menores de edad, lo que equivale a 1,4 millones de niños.
Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación Foessa y coordinador del informe, destacó en una rueda de prensa en Madrid que «la clase media se erosiona, llevando a muchas familias hacia estratos inferiores». A pesar de las fases de recuperación tras dos décadas de crisis encadenadas, la integración social ha disminuido y la exclusión severa ha crecido un 52 % en 2024 con respecto a 2007. Esto implica que 4,3 millones de personas están experimentando exclusión social severa.
El estudio, realizado por un equipo de 140 investigadores de 51 universidades y entidades, se basó en entrevistas a 31.015 personas y reveló que la integración social se «erosiona» y que la exclusión grave se mantiene «muy por encima de los niveles de 2007». Además, desmonta «el mito de la pasividad», señalando que tres de cada cuatro hogares en exclusión severa activan estrategias de inclusión, como buscar empleo o ajustar gastos. «No fallan las personas, falla el sistema», afirmó Flores.
Vivienda y empleo, motores de la exclusión
En cuanto a las principales causas de la exclusión social, el informe resalta la vivienda y el empleo. En relación a la vivienda, se indica que el 45 % de la población que vive en régimen de alquiler se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, la cifra más alta de la Unión Europea.
Flores subrayó que «la vivienda está expulsando a uno de cada cuatro hogares de una vida digna» y que «uno de cada cuatro hogares en España sufre rasgos de exclusión residencial». También explicó que el hacinamiento, entendido como menos de 15 metros cuadrados por persona, ha aumentado del 5,1 % en 2018 al 7 % en 2024.
El informe además confirma que «el empleo ha perdido gran parte de su capacidad protectora e integradora», con la precariedad laboral afectando a casi la mitad (47,5 %) de la población activa, es decir, a 11,5 millones de personas atrapadas en diversas modalidades de inseguridad laboral.
Otros factores que contribuyen a la exclusión son la educación, el origen familiar, la salud y las relaciones sociales.
Tener la ESO ya no es «cortafuegos» frente a la pobreza
El informe revela que tener la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) ya no es un «cortafuegos» contra la pobreza y que este se ha desplazado hacia el Bachillerato y la Formación Profesional. De hecho, quienes no completan estudios superiores a la ESO tienen un riesgo de caer en exclusión severa que se multiplica por 2,7.
Referente al origen familiar, se menciona que los hijos de personas con bajo nivel educativo tienen más del doble de probabilidades de caer en situaciones de pobreza en comparación con aquellos cuyas familias tienen un alto nivel educativo.
Otro aspecto grave en el informe es que el 6 % de las familias más vulnerables con una enfermedad grave no recibieron atención médica el año pasado, el doble que el promedio de la sociedad. Además, se advierte que el nivel de aislamiento de las personas en exclusión severa ha aumentado del 3,2 % en 2018 al 16,6 % en 2024, y casi la mitad (42 %) de los hogares gravemente excluidos están encabezados por mujeres.
Por otro lado, el estudio revela que casi la mitad (47,4 %) de la población inmigrante está en situación de exclusión, una tasa que triplica la de la población autóctona (15,3 %). La situación administrativa también actúa como multiplicador de exclusión, con un 68 % de las personas extracomunitarias en situación irregular viviendo en exclusión, en contraste con el 43 % de aquellos que tienen permiso para residir.
En cuanto a la política migratoria del Gobierno, Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas Española, indicó que la reforma del reglamento de extranjería «puede facilitar mejores condiciones para el arraigo». Sin embargo, denunció «un atasco enorme y una lentitud grave» en los procesos que enfrentan los migrantes, advirtiendo que la irregularidad es una causa que les priva de derechos básicos, como acceso a un alquiler o a un contrato de trabajo. Por ello, Peiro pidió «más recursos» y abogó por una iniciativa legislativa popular para la regularización extraordinaria de medio millón de migrantes.
Un tercio de toda la exclusión severa afecta a niños
El documento destaca que «un tercio de toda la exclusión severa» en España corresponde a menores de edad, cuya tasa de pobreza se sitúa en el 29 %, la más alta entre todos los grupos de edad en Europa.
Además, 2,5 millones de jóvenes están «atrapados» en una precariedad estructural, lo que provoca un «efecto cicatriz» que impacta sus salarios y trayectorias laborales, generando pérdidas salariales acumuladas.
El informe advierte, asimismo, que el modelo socioeconómico actual ignora los límites del planeta, con una huella ecológica en España que triplica la capacidad de su territorio. «Si todo el mundo viviera como lo hace la población en España, necesitaríamos el equivalente a 2,5 planetas», alertó Flores, quien también resaltó el problema del «individualismo».
Todos estos problemas son síntomas de una sociedad que genera «estructuralmente desigualdad, precariedad y fractura». «Estamos ante la paradoja central que define nuestro tiempo, una sociedad del desasosiego, donde coexisten una aparente bonanza económica con malestares estructurales profundos: vidas bloqueadas, soledad, angustia ecológica, desesperanza. Vivimos en una sociedad ecológicamente vulnerable y anímicamente desasosegada», concluyó Flores, aunque también reconoció las «capacidades de resistencia» presentes en la sociedad.
