El conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Comunidad Valenciana, Miguel Barrachina, ha afirmado que sin el trasvase del Tajo al Segura, la huerta de Alicante se convertiría en «desierto». En una reciente declaración, destacó que la desalación del agua tendría un coste cinco veces mayor para los agricultores, lo que representaría un grave problema para la producción agrícola en la región.
En una entrevista, Barrachina calificó de “crueldad sin límite” el recorte del trasvase, afirmando que no tiene justificación científica sino política. Criticó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, señalando que su intención es que las tierras que han sido regadas durante más de 40 años dejen de ser cultivadas. «Él no quiere regantes, quiere sirvientes», argumentó.
Barrachina explicó que la situación en las cuencas del Segura es mucho mejor que en el año anterior. Resaltó que los embalses están en una «situación récord» y es difícil de comprender que, el año pasado, la Confederación Hidrográfica del Tajo, bajo el mando de Sánchez, indicara a los agricultores que no cultivaran hortalizas de invierno por falta de agua.
“Ahora que estamos en capacidad máxima en nuestros embalses, la misma Confederación vuelve a afirmar que recortará el agua”, expuso Barrachina. Afirmó que, mientras había sequía, el Gobierno de Sánchez pidió no cultivar, y ahora, a pesar de tener suficiente agua, pide no cultivar debido a las inundaciones.
El conseller subrayó que no hay «un problema de ecología» sino «de ideología», criticando la falta de apoyo de Sánchez hacia la agricultura. A su juicio, la pérdida de agua que podría ser utilizada se dirige a Portugal, en alusión al Convenio de Albufeira entre España y el país vecino. «Estamos enviando más del doble de lo pactado», añadió, indicando que el pacto estipula 2.400 hectómetros anuales, mientras que actualmente se envían 6.000 hectómetros.
Barrachina enfatizó la injusticia de esta situación, advirtiendo que esto obligaría a talar millones de árboles y pidiendo al ecologismo radical que no perpetúe el recorte del agua, especialmente en un contexto de cambio climático donde el agua es indispensable.
Además, el conseller defendió la importancia de realizar obras hidráulicas que frenen y acumulen agua para los periodos de sequía, en lugar de seguir la política que ha promovido Sánchez en los últimos ocho años. “Sin trasvase, la huerta de Alicante, así como la de Murcia y la de Almería, deja de ser huerta y se convierte en desierto”, afirmó rotundamente.
Desalación y su Impacto Económico
Barrachina criticó también el aumento de la desalación en los planes hidrológicos, señalando que esto resultará en un incremento significativo de los costes para los agricultores alicantinos. «Se busca quitarles el agua dulce que nos llega del Tajo para, mediante un proceso costoso y contaminante de desalación, ofrecer el agua a un precio cinco veces superior al actual», denunció.
Finalmente, el conseller concluyó que «Sánchez quiere sirvientes» y que los agricultores alicantinos quieren ser regantes que continúen cultivando sus campos como lo han hecho felizmente durante los últimos 40 años.
