BARCELONA, 24 Mar. (EUROPA PRESS) – Cinco exconsellers de Cultura de la Generalitat han presentado este martes una querella contra el traslado de las pinturas murales de Sijena del Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC) al Monasterio de Santa María de Sijena (Huesca), al entender que existe un «peligro seguro de deterioro o destrucción» de las obras.
La querella, presentada por el abogado y exdiputado de Junts, Jaume Alonso Cuevillas, representa a los exconsellers Lluís Puig, Joan Manuel Tresserras, Ferran Mascarell, Laura Borràs y Àngels Ponsa. Se dirige contra la magistrada y contra los representantes del Gobierno de Aragón y del Ayuntamiento de Villanueva de Sijena que interpusieron una demanda de ejecución de la sentencia.
En la querella, los exconsellers alegan que, a pesar de haber agotado el ejercicio de sus funciones como máximos responsables en Cultura y preservación del patrimonio, siguen teniendo una responsabilidad en la preservación de los Bienes de Interés Cultural (BIC) ubicados en Catalunya. Sostienen que, de ejecutarse la sentencia que ordena el traslado de las pinturas murales a Huesca, se produciría una «destrucción» o grave alteración de un BIC, como han alertado varios expertos, planteando posibles responsabilidades penales por presuntos delitos de prevaricación y contra el patrimonio histórico.
DELITOS
El escrito ha sido presentado ante la Sala Penal y Civil del Tribunal Superior de Justicia de Aragón. La ejecución de la sentencia, dictada por el Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción de Huesca número 2, comporta «ineludiblemente» la consumación de un delito contra el patrimonio histórico, según el Código Penal en España.
Se recuerda que las pinturas de Sijena están sometidas a un grado especial de protección tal que decaen otros derechos, como el de ejecutar una sentencia, «si tal acto implica la consumación de un delito». Argumentan que si, tras aportarse diversos informes periciales que alertan del «peligro seguro de deterioro o destrucción de las obras», se mantiene la pretensión de trasladarlas, con manifiesto desprecio por la seguridad y el resultado fatal, los responsables podrían incurrir en un delito de prevaricación.
Por todo ello, solicitan que se practiquen varias diligencias, entre ellas, el interrogatorio a los querellados, y que se adopten medidas cautelares: «Nos parece coherente y necesario que se ordene la paralización de la ejecución instada de una sentencia firme».
«LA EJECUCIÓN DEBE DECAER»
Los cinco exconsellers, acompañados de Alonso Cuevillas, explicaron la interposición de la querella en un acto celebrado en les Cotxeres de Sants, en Barcelona. Alonso Cuevillas subrayó que se trata de un tema jurídicamente complejo, ya que hay una sentencia firme del Tribunal Supremo que establece que la propiedad de las obras pertenece a Aragón, una sentencia que considera que ha primado la política sobre los «estrictamente jurídicos» y contra la que la Generalitat no ha querido presentar un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional.
Ante esta situación anómala, ha manifestado que se debe ponderar el derecho a una tutela judicial efectiva que requiere la ejecución de la sentencia y el hecho de que dicha ejecución podría conllevar la comisión de un delito, así como el incumplimiento de las obligaciones internacionales de España. «La ejecución de la sentencia debe decaer», ha sentenciado, mencionando informes independientes que alertan sobre daños irreparables.
«DAÑO IRREPARABLE A LA HUMANIDAD»
Puig, que compareció por videoconferencia, destacó que a los cinco exconsellers les motiva el mismo sentimiento: la voluntad de cumplir con las leyes que protegen el patrimonio catalán, y que al enterarse de la existencia de un artículo del Código Penal que les permitía actuar, no dudaron «ni un minuto» en hacerlo. Señaló que espera que la querella sirva para evitar este «daño irreparable para la humanidad, que sería la destrucción de estas pinturas», subrayando la necesidad de resistir y ser resilientes en esta lucha.
«PRETENDE SER UNA HUMILLACIÓN»
Mascarell enfatizó que este asunto es esencialmente político, y que la decisión de los exconsellers de presentar la querella surge de su percepción de que la respuesta por parte del Ayuntamiento de Barcelona, del Govern y del Ministerio de Cultura «está siendo débil». Lamentó que los catalanes sean los únicos obligados en el mundo a devolver obras artísticas, incluso dentro del mismo Estado, y que quienes lo han ordenado tienen la convicción de que la catalanidad debe ser liquidada: «Esto pretende ser una humillación».
«SON SENTENCIAS POLÍTICAS»
Tresserras sostuvo que el objetivo de la querella es hacer todo lo posible por preservar la integridad de estas obras, defendiendo que lo realizado por el MNAC corresponde a las mejores prácticas para conservar el patrimonio y que, por ello, cuando desde Aragón se habla de expolio «es mentira». Además, mencionó que las resoluciones que ordenan el traslado de las obras «son sentencias políticas preestablecidas».
«PRESERVAR NO ES POSEER»
Borràs afirmó que si la catalanofobia fuera un arte, el traslado de las obras de Sijena representaría «una obra maestra». Comentó que la querella se fundamenta en tres ejes: la preservación artística como principio irrenunciable, la responsabilidad compartida de todos los actores implicados y el sentido cultural. Resaltó que este bien es extremadamente valioso y frágil, y que su estado actual y futuro depende de las condiciones de conservación en el MNAC, enfatizando que expertos independientes han certificado que su manipulación podría causar daños irreversibles: «Preservar no es poseer; es garantizar la supervivencia del arte», concluyó.
«PEQUEÑEZ MORAL INMENSA»
Finalmente, Ponsa expresó que, de ejecutarse la sentencia, ello supondría un ataque contra la ciudadanía y una vulneración de los derechos culturales. También reivindicó que los catalanes han estado conservando estos bienes con sus impuestos, que se han mantenido en muy buen estado de conservación en el MNAC y que es una obligación asegurar que lleguen a las futuras generaciones, por lo que correr el riesgo de que sufran daño o destrucción «es de una pequeñez moral inmensa».
