SANTA CRUZ DE TENERIFE, 23 sep. (EUROPA PRESS) – El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, ha denunciado este martes que el Gobierno central incurre en «desacato» y «desobediencia clara» al Tribunal Supremo, al trasladar a solo 127 menores solicitantes de asilo desde Canarias a la Península en un periodo de seis meses, lo que se traduce en una media de 1,5 menores por día.
En respuesta a una pregunta del Grupo Popular durante el Pleno del Parlamento, Clavijo ha alertado que a este ritmo «el problema de hacinamiento no se va a resolver y es posible que se vea agravado a final de año», especialmente porque siguen llegando embarcaciones con menores a bordo.
Ante esta situación, el presidente ha confirmado que se ha presentado un escrito ante el Alto Tribunal, manifestando que no quieren ser «cómplices» de la vulneración de los derechos de estos menores. También ha recordado que, durante la llegada de refugiados por la invasión de Ucrania, España recibió a unos 7.000 menores no acompañados «sin ningún tipo de problema»; en cambio, ahora hay «racismo» hacia los menores que llegan de otras circunstancias, argumentando que «no eran de color».
Clavijo ha calificado de «triste» que un Gobierno tenga que ser demandado ante el Supremo para que se cumpla la ley. Mientras tanto, su Ejecutivo continuará «atendiendo con la mayor dignidad posible» a los menores y denunciando los «incumplimientos» planteados por el Estado. A su juicio, este fenómeno «va a continuar y debemos dar una respuesta civilizada».
Por su parte, Luz Reverón, portavoz del Grupo Popular, ha criticado duramente el proceso de derivación de los menores asilados, enfatizando que hasta la fecha no se ha alcanzado «ni un 11%» del traslado previsto, debido al «incumplimiento sistemático» del Gobierno central, a pesar de las advertencias del Tribunal Supremo. Reverón ha responsabilizado a los líderes políticos como «Sánchez y Torres» de la situación actual, acusando al PSOE de tener una «estrategia política premeditada para convertir a Canarias en un embudo sin salida» y lo calificó de «cinismo».
