BADAJOZ, 14 de marzo. (EUROPA PRESS) – El decano del Colegio Provincial de Abogados de Badajoz, Ildefonso Seller Rodríguez, ha expresado su postura sobre el principio de defensa en el contexto de casos como el de Francisca Cadenas. Seller considera que este principio es «un acto de progreso y civilización», ya que es «inherente a todo ser humano» y garantiza que el resultado del proceso tenga legitimidad.
La Peligrosidad de Desestimar la Defensa
El decano también enfatizó que pensar que ciertas personas «no merecen defensa» conduce a un «lugar muy peligroso», donde los derechos varían según el clima social, la opinión pública o el poder político. Esta reflexión surge a raíz de una carta que envió el sábado, donde analiza los recientes acontecimientos relacionados con la desaparición de una vecina en Hornachos.
Seller plantea una pregunta difícil: «¿Cómo es posible que alguien así tenga derecho a un abogado o abogada?». La respuesta, aunque pueda resultar incómoda, es fundamental para definir la grandeza y la madurez de un Estado de derecho. Asegura que «el derecho a la defensa no es un premio, ni un gesto compasivo hacia el investigado, sino un principio estructural» que protege a todos, culpables e inocentes, frente al poder del Estado.
Derechos Universales y Principios Estructurales
El derecho fundamental a defenderse no depende de la moralidad del individuo, sino de la «dignidad inherente a todo ser humano» y de la «necesidad» de que la justicia funcione «bajo reglas claras». Seller advierte que «si solo defendemos a quienes nos caen bien o a quienes consideramos ‘merecedores’ de derechos, esos derechos dejan de ser universales y se convierten en privilegios».
Además, destaca el error común en la sociedad de «confundir» la defensa jurídica con la «defensa moral del acto cometido». Un abogado, enfatiza, «no justifica el crimen», sino que se asegura de que el proceso sea «limpio» y que las pruebas se obtengan «legalmente». Esto garantiza que cualquier condena sea «proporcionada y ajustada a la ley». Sin tales garantias, cualquier castigo, aunque parezca merecido, se convierte en «arbitrariedad».
El Papel del Abogado en el Proceso Judicial
Seller subraya los «recursos inmensos» que posee el Estado, como cuerpos policiales y laboratorios forenses, frente a los cuales cualquier ciudadano se encuentra en una «posición de vulnerabilidad». El abogado actúa como contrapeso, «equilibrando la balanza», lo cual es «imprescindible» incluso en los casos más execrables. «Si permitimos que el Estado ignore derechos en nombre de la gravedad del delito, abrimos la puerta a que mañana lo haga con cualquiera», advierte.
Así, la fortaleza de un sistema democrático no se mide por cómo trata a los inocentes, sino por cómo trata a los que son considerados culpables, antes de probar su culpabilidad. Defendiendo a aquellos a quienes nadie quiere defender, Seller considera que «es un acto de progreso y civilización», y es una prueba de que la justicia no se deja arrastrar por la ira colectiva. Al defender a un acusado de un crimen «horrendo», el abogado no defiende «el horror», sino que «defiende la idea de que la justicia debe ser imparcial, racional y humana».
La Importancia del Principio de Defensa
Seller advierte que renunciar al principio de defensa implica renunciar a «vivir en sociedad». La creencia de que ciertos individuos no merecen defensa puede llevar a una «sociedad peligrosa», donde los derechos quedan sujetos a la opinión popular o al poder político. En un sistema así, «nadie se encontrará realmente protegido».
Por el contrario, cuando la ciudadanía percibe que incluso los casos más difíciles se procesan «con rigor y garantías», se aumenta la legitimidad del sistema penal y se refuerza la cohesión social. También recalca que el ejercicio de la abogacía debe hacerse con «prudencia, humildad y honestidad», elementos cruciales en esta profesión.
Finalmente, Seller concluye que «el derecho a un abogado o abogada, incluso para quien ha cometido lo peor, es una declaración de principios: la justicia no se rebaja al nivel del crimen que juzga».
