
LOGROÑO, 24 Feb. (EUROPA PRESS) – Un nuevo dispositivo, creado por las empresas Insectaria, SpectralGeo y Bodega Classica (Bodega Hacienda López de Haro), utilizando tecnologías de 3D e inteligencia artificial, permitirá monitorizar a distancia la afección causada por la polilla de la vid. Esto posibilitará un notable ahorro en desplazamientos sobre el terreno, además de un ajuste más preciso de los tratamientos necesarios.
Este nuevo dispositivo se encuentra en una primera fase de desarrollo con resultados prometedores, y está listo para una segunda fase de mayor campo de acción —que se prevé para el año 2026—, con el objetivo de su posible comercialización en el ejercicio 2027 a unos costes menores que los de otras herramientas similares.
Los responsables de las empresas desarrolladoras, Luis Rubén Román de Insectaria y Carlos Tarragona de SpectralGeo, presentaron estos primeros resultados del proyecto ‘Trampeo Remoto y Automatizado de la Polilla de la Vid (TRAPVID)’ en una comparecencia ante los medios de comunicación, donde posteriormente se llevó a cabo una jornada divulgativa.
El Proyecto
En palabras de Román, TRAPVID «nació con una pregunta muy sencilla: ¿Sería posible automatizar el seguimiento de la polilla del racimo de la vid sin acudir al campo?» La respuesta se materializa en un sistema que monitoriza la presencia de la plaga mediante trampas automatizadas que capturan imágenes en el campo y las procesan mediante visión artificial, generando datos objetivos sin necesidad de revisiones manuales continuas.
Esto abre la puerta a una gestión más precisa, con menos desplazamientos, menor coste operativo y una aplicación más ajustada de tratamientos fitosanitarios. En el desarrollo del sistema, el equipo ha trabajado tanto en la parte tecnológica como en el diseño físico del dispositivo.
Para la creación del hardware y la carcasa de la trampa se contó con la colaboración externa de Laboratorios 3D Print y la Universidad de La Rioja, cuya participación resultó significativa para garantizar un diseño funcional y adaptado a las condiciones reales de cultivo.
De forma paralela, se ha desarrollado una aplicación que procesa automáticamente las imágenes capturadas por la trampa y que integra un modelo de visión artificial, permitiendo automatizar la monitorización del vuelo de la polilla.
El resultado es una solución económicamente más accesible para el usuario, que reduce significativamente los costes asociados al seguimiento de la polilla en el campo. Se trata, en definitiva, de «una trampa inteligente que permite ahorrar un gran número de desplazamientos en campo y que combina diferentes tecnologías».
Este dispositivo implementa un modelo de reconocimiento que permite cuantificar el número de polillas que caen en las trampas sin necesidad de ir al campo. Para ello, el prototipo toma una fotografía en el intervalo que se establezca —que puede ser diaria, cada ocho horas o más—, y esas imágenes se suben a un servidor, donde se analizan mediante inteligencia artificial para contabilizar las polillas caídas y determinar los tratamientos fitosanitarios más adecuados para su control.
De este modo, han calculado que el seguimiento de la polilla de la vid en una revisión de campo «cada siete días» con 30 o 40 trampas, «en una bodega de tamaño medio, están a kilómetros una de otra», conlleva gastos en desplazamiento, combustible y tiempo. En contraste, este nuevo dispositivo podría ofrecer resultados casi en tiempo real. «En el campo, el dispositivo nos ha dado resultados muy prometedores, con una precisión de casi el 90%», indican sus creadores, subrayando el notable ahorro que supondría su aplicación.
Además, como ventaja, permite «ajustar los tratamientos, haciéndolos más acordes» a la situación de la viña y a la presencia de la polilla de la vid, una plaga que, una vez que se introduce en la uva, es difícil de combatir porque no se pueden aplicar fitosanitarios dentro del fruto, algo que se evitaría con su detección temprana.
El dispositivo ha sido desarrollado con éxito, alcanzando resultados de un 90% de precisión en su primera fase, durante un periodo de unos nueves meses, «una duración bastante corta para la complejidad que tiene», ya que ha conllevado el diseño integral del dispositivo. Ahora, como han señalado Tarragona y Román, se busca llevar adelante una segunda fase, que se espera realizar a lo largo de 2026, aplicando el sistema a una superficie más amplia de terreno.
La comercialización del dispositivo está prevista para 2027, con costes que se prevén «muy asequibles» una vez se finalice con éxito este proceso.
