El director de Gogora-Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, Alberto Alonso, ha expresado su preocupación por cómo en las reclamaciones sobre los presos de ETA se omite el reconocimiento de que esta organización «asesinó, extorsionó y utilizó la violencia». En sus recientes declaraciones, Alonso ha enfatizado que no se debe equiparar a los miembros de ETA, como Jon Paredes Manot ‘Txiki’ y Ángel Otaegi, con los miles de antifranquistas que lucharon por la democracia. «Una cosa es reconocerles su condición de víctimas franquistas y otra es el homenaje», ha matizado.
Alonso realizó estas afirmaciones luego de que en diversas festividades de Euskadi se exhibieran carteles y pancartas en honor a Txiki y Otaegi. Ayer, Sortu solicitó al Ayuntamiento de Zarautz un «reconocimiento institucional» para ambos, presentándolos como «luchadores vascos» contra la dictadura franquista. Simpatizantes de la izquierda abertzale desplegaron una gran lona con imágenes de estos miembros de ETA.
El director de Gogora recordó que Txiki y Otaegi, fusilados al final del franquismo junto a tres miembros del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), son, sin duda, víctimas de un régimen que los juzgó mediante un procedimiento militar sumarísimo, sin garantías judiciales. «No tuvieron un juicio justo, fueron condenados a muerte de manera arbitraria y fusilados», señaló.
Alonso aclaró que aunque es necesario reconocer que son víctimas del franquismo, esto no implica que se les pueda considerar luchadores por la libertad. «Luchaban contra la dictadura, pero utilizando las mismas herramientas que utilizó la dictadura: la violencia, el terror y el miedo», argumentó. Rechazó, además, la idea de «blanquear la existencia de una ETA buena y una ETA mala». Recordó que en 1974, justo antes del fusilamiento, ETA colocó una bomba en la cafetería Rolando en Madrid, asesinando a 13 personas y hiriendo a más de 50 de forma cruel. «ETA fue una banda terrorista desde el primer momento y su opción fue crear e imponer el terror», afirmó.
El director de Gogora consideró que no todos los luchadores antifranquistas merecen un homenaje, señalando que algunos emplearon los mismos métodos de miedo y violencia que el franquismo. «Txiki y Otaegi no deseaban una sociedad democrática después de Franco, sino imponer su propia visión de Euskadi como alternativa al franquismo», subrayó.
Carteles y pancartas en fiestas
Alonso también abordó la reciente tendencia a exponer pancartas y carteles de presos de ETA en las celebraciones en Euskadi. Ha indicado que le preocupa que la disminución de estas exhibiciones públicas pueda cambiar y que sea una de las razones para observar un aumento en este tipo de manifestaciones. Insistió en que «cada uno de estos carteles y pintadas merece la crítica o rechazo absoluto por parte de la ciudadanía». Además, mostró su inquietud por «la ausencia de contexto» en las demandas relacionadas con los reclusos.
El director de Gogora afirmó que, al hablar de presos, a menudo se omite explicar por qué están en prisión. «Se utilizan términos para presentarlos como luchadores a favor de un ‘pueblo oprimido’, pero olvidan que lo que realmente hicieron fue asesinar y extorsionar», criticó. Subrayó que no están presos por sus ideas, sino por el uso de la violencia para alcanzarlas, señalando que muchos siguen en libertad porque se negaron a arrepentirse por sus actos.
Alberto Alonso advirtió sobre la tendencia de presentar una narrativa épica y romántica sin reconocer el daño que causaron. Al responder a comentarios de Sare, que defiende las reclamaciones por los derechos de los presos, Alonso reconoció que «políticamente todos tienen derecho a hacer solicitudes dentro del marco constitucional, pero no pueden hacer trampas». Añadió que «Sare tampoco explica por qué están presos».
El director del Instituto de la Memoria puso un ejemplo contundente al preguntar si sería aceptable que «la extrema derecha, que está en contra de la igualdad de género, reclamara la liberación de todos los agresores que están en prisión por violencia de género». Enfatizó que, independientemente de los fines que puedan tener, no se puede olvidar que la violencia fue la herramienta empleada para alcanzar esos objetivos.
Por último, instó a cumplir la ley y las sentencias, permitiendo que cada preso realice su proceso conforme al sistema penitenciario. Aclaró que hay quienes han accedido a grados de libertad porque han reconocido el daño causado y se han arrepentido, mientras que aquellos que permanecen firmes en su ideología deben seguir cumpliendo su condena hasta que la ley lo determine.
