
MADRID, 30 Nov. (EUROPA PRESS) – El Gasoducto África Atlántico (GAA), el megaproyecto por el que Marruecos planea construir un conducto para transportar gas desde Nigeria, pasando por más de una decena de países de África Occidental y continuando hacia Europa a través de España, se ha calificado como un ‘elefante blanco’. Esto se debe a que su elevado coste tardaría casi tres siglos en recuperarse y apenas tendría impacto en el suministro energético.
La consultora North Africa Risk Consulting (NARCO) utiliza el término ‘elefante blanco’ para describir proyectos costosos o inútiles, después de analizar una iniciativa respaldada expresamente por el rey Mohamed VI. Este gasoducto atravesaría once países para unir Nigeria con Marruecos y, en última instancia, con España, con un costo estimado en unos 25.000 millones de dólares.
Según la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas marroquí (ONHYM), el gasoducto tendría una capacidad de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, de los cuales Marruecos exportaría hasta 18.000 millones cada año hacia Europa, con la idea de convertirse en un ‘hub’ energético.
Además, Rabat argumenta que el proyecto podría proporcionar acceso a energía a 400 millones de africanos, que es la suma de la población de los trece países que atraviesa el gasoducto. Sin embargo, NARCO señala que esta cifra incluye a los 168 millones de habitantes de Nigeria, donde el suministro está garantizado. Considerando esto, estima que la cifra real de beneficiarios rondaría solo 40 millones de personas, lo que representa el 10% de lo inicialmente planeado.
NARCO también cuestiona la capacidad del gasoducto, partiendo de la premisa de que las reservas de gas de Nigeria están en declive, con una producción que ha caído un 60% en las dos últimas décadas. Además, cada uno de los países por los que pasaría el gasoducto se cobraría en especie una parte del flujo. Si cada uno de los once países ‘cobrara’ un 5% del volumen, solo unos 15.000 millones de metros cúbicos llegarían finalmente a Marruecos.
Se prevé que Marruecos necesite 3.000 millones de metros cúbicos para 2040, lo que dejaría solo 12.000 millones de los 30.000 millones iniciales para exportar a Europa. En comparación, Argelia exporta a través de Italia y España un volumen de 44.000 millones de metros cúbicos al año.
Tiempo de Recuperación de la Inversión
Otro de los factores que convierte a este proyecto en un «elefante blanco», según NARCO, es el tiempo necesario para recuperar la inversión realizada. Comparan el GAA con el Gasoducto África Occidental (WAGP) que transporta 5.000 millones de metros cúbicos desde Nigeria hasta Togo, Benín y Ghana y cubre 680 kilómetros. Este gasoducto costó 900 millones de dólares, un 52% más del presupuesto inicial, según el Banco Mundial.
Con una previsión de coste para el GAA de 25.000 millones de dólares, el precio final podría alcanzar los 38.000 millones, convirtiéndolo en uno de los gasoductos más caros, según advierte NARCO. En cuanto a la recuperación de su coste, citan el ejemplo de Medgaz, el gasoducto que envía gas a España desde Argelia, con una capacidad de 10.000 millones de metros cúbicos y que costó 1.400 millones de dólares. Aunque se completó en 2009, no empezó a generar beneficios hasta 2021. Si el GAA pudiera suministrar un volumen similar al de Medgaz a Europa, NARCO estima que la inversión tardaría 288 años en recuperarse.
¿Por qué el Interés de Marruecos?
Si la inversión no generará un rédito económico significativo ni beneficiará a muchas personas, ¿por qué Marruecos sigue adelante con el proyecto? Geoff Porter, analista geopolítico y energético especializado en el norte de África, sugiere que en el Palacio les gustan los proyectos «vanidosos» que ayudan a presentar a la monarquía como ‘grandes pensadores’ e ‘innovadores’.
Porter hace una comparación con el proyecto NEOM del príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman, que también se decía que carecía de sentido, pero el círculo cercano al líder del reino temía decirle que el proyecto no iba a funcionar. En su opinión, tanto la directora de la ONHYM, Amina Benkhadra, como la ministra de Transición Energética, Leila Benali, «saben que el proyecto es una locura, pero no tienen otra opción que promocionarlo». «Construir infraestructuras es una manera de demostrar y afirmar soberanía», destaca este experto.
La apuesta marroquí, según Porter, «no tiene nada que ver con el gasoducto, sino con crear ‘hechos sobre el terreno’ que hagan irreversibles las reivindicaciones de soberanía sobre el Sáhara Occidental». Recientemente, Benali anunció que Dajla serviría como hub en el proyecto.
Rivalidad con Argelia
El gasoducto debe contextualizarse dentro de la histórica rivalidad entre Marruecos y Argelia, ya que es un «competidor directo» del Gasoducto Transahariano (TSGP) que Argel quiere construir, partiendo también de Nigeria y pasando por Níger. Según Porter, el proyecto argelino es «más factible» ya que solo tendría que cruzar dos países, y solo uno de ellos, Níger, se quedaría con una parte del volumen antes de continuar hacia Europa.
Además, el gasoducto argelino será terrestre, lo que es «infinitamente más fácil de construir que un gasoducto submarino». Solo se espera que tenga una extensión de unos 1.000 kilómetros y, a priori, requeriría solo una nueva estación de compresión para bombear el gas a través de Níger.
Respecto a los riesgos de seguridad, dado que en Níger operan grupos yihadistas, Porter señala que el gasoducto estará enterrado y los únicos puntos vulnerables serían las estaciones de compresión, que pueden protegerse. Por lo tanto, considera que los temores en este sentido son exagerados.
Marruecos, por su parte, tiene una ventaja en términos de marketing. El reino alauí está presentando el GAA como «más que un gasoducto», como «una inversión en el desarrollo económico y la estabilidad» en una región, África Occidental, que es particularmente convulsa debido a su cercanía con el Sahel. Además, argumentan que invertir en este proyecto ayudará a «reducir los factores que empujan a la migración ilegal a Europa».
En este sentido, no se descarta que Rabat pueda conseguir fondos europeos para sufragar este proyecto, algo que parece menos probable en el caso de la iniciativa argelina, dado que Argelia no presenta el TSGP como «una panacea para el desarrollo económico». Además, Porter menciona que «Argelia no está pidiendo ayuda y tiene el dinero para construir el gasoducto mañana mismo». La incertidumbre radica, en cambio, en las relaciones con Níger y si Nigeria realmente tiene gas para exportar.
