MURCIA 20 oct. (EUROPA PRESS) – El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA) ha señalado que las muestras tomadas hoy en el Mar Menor constatan una «estabilización generalizada» de algunos parámetros, en comparación con los tomados la semana pasada. Este análisis se realiza una semana después del impacto de la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) conocida como Alice.
Según el informe presentado, después de las primeras mediciones realizadas tras la DANA, se observa que los niveles de oxígeno se mantienen elevados, registrando 7,21 mg/l, y la salinidad en 43,08 PSU. Sin embargo, destaca que el nivel de clorofila ha descendido un 42%, alcanzando una media de 3,09 mg/m³, en comparación con el pico de 5,4 mg/m³ registrado el pasado martes.
De los 21 puntos de medición analizados, los técnicos del IMIDA han encontrado cuatro que presentan niveles de oxígeno más bajos que el resto del ecosistema. Estas áreas específicas se ubican en la cubeta sur, que fue la más afectada tras la DANA, especialmente debido al agua que entró por las ramblas de La Carrasquilla y al Beal, entre otros cauces.
Las mediciones recientes también revelan una mejora en la transparencia, que ha alcanzado los 2,75 m. Por otro lado, la turbidez se mantiene elevada con 7,98 FTU, aunque ha comenzado a estabilizar su crecimiento. En cuanto a la temperatura del agua, esta se mantiene en valores normales para la época, alcanzando los 22,8°C.
Impacto a largo plazo en el Mar Menor
Los expertos han advertido que el impacto de la DANA no se limita únicamente al episodio de lluvias, sino que puede evidenciar que el acuífero es un elemento perturbador continuo del estado del Mar Menor. Se ha observado que este efecto se intensifica después de episodios de lluvias intensas, alterando significativamente el ecosistema local.
El papel del IMIDA en la monitorización del ecosistema
El equipo científico del IMIDA coordina una red de monitorización y control del Mar Menor, que cuenta con 21 puntos de medición. Este seguimiento constante permite evaluar la evolución de los parámetros del ecosistema tras eventos climáticos extremos, proporcionando información esencial para la gestión ambiental y la protección de esta frágil área ecológica.
