
MADRID 25 Dic. (EUROPA PRESS) – El Tribunal Supremo (TS) ha confirmado la condena a 11 años y 11 meses de cárcel a una mujer que ofreció a su hija menor de edad para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, así como 10 años de prisión para el hombre que pagó por ello. Esta decisión se detalla en una sentencia de la Sala de lo Penal, que desestima los recursos presentados por ambos contra las condenas del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Castilla-La Mancha.
El TSJ de C-LM, además de la pena de cárcel, impuso a la madre 10 años de libertad vigilada y una prohibición de acercarse a su hija durante 18 años por sendos delitos de agresión sexual y corrupción de menores, delitos también por los que fue condenado el hombre.
Los hechos ocurrieron a partir de 2020, cuando el hombre mantuvo relaciones sexuales por primera vez con la víctima, «a sabiendas de que contaba con 13 años de edad» en ese momento. El hombre llegó a pagar hasta 6.000 euros a la madre para mantener estas relaciones, y este comportamiento se repitió en otras ocasiones a lo largo de los dos años siguientes. Las cantidades entregadas fueron de 1.000, 20, 50 y 200 euros, tanto a la madre como a la hija, según la sentencia.
Madre e hija firmaban recibos para el hombre
El Supremo confirma la condena del TSJ al considerar que la sentencia recurrida fundamenta «la culpabilidad» de la madre, teniendo en cuenta las «declaraciones extrajudiciales de la menor, aportadas en soporte videográfico» y ratificadas «por quienes estaban presentes cuando las expresó».
Se mencionó que una de las personas presentes en una conversación grabada con la víctima declaró como testigo en el juicio que «la menor le contó los hechos tras una expresión que dijo de forma espontánea después de una discusión con su madre, ofreciendo un relato que coincide con el que se refleja en el vídeo que ella misma grabó».
Además, otra vecina testificó que, tras la conversación grabada, llamó a la madre y «le recriminó que estuviera prostituyendo a su hija, a lo que ella accedió».
Los magistrados consideran cruciales esos testimonios contra la acusada, que «reconoce que estaba prostituyendo a su hija y había vendido su virginidad», así como «los recibos firmados que indican esa entrega de la hija al coacusado para mantener relaciones sexuales, firmados por madre e hija».
El alto tribunal señala que la mujer había sido diagnosticada con un trastorno ansioso-depresivo derivado de situaciones de violencia de género que había sufrido, pero que, en cualquier caso, «no es una patología de la que se pueda deducir, sin más pruebas, que le había impedido comprender la ilicitud del comportamiento que estaba llevando a cabo con su hija».
La madre «no solo no hizo nada por impedir que el acusado mantuviese relaciones sexuales con la menor, sino que las autorizaba y entregaba a su hija para satisfacer las apetencias sexuales del acusado», concluye la sentencia.
