La directora del Máster Universitario en Prevención y Mediación de Conflictos en Entornos Educativos de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Dyanne Ruiz, ha apuntado al trabajo con el agresor como clave para atajar el bullying, indicando que «los acosadores no surgen de la nada». En una reciente entrevista, Ruiz ha afirmado que «por supuesto» que el acoso escolar «se puede prevenir», considerándolo algo «fundamental», centrando la atención en una mirada más global donde actúe toda la comunidad educativa.
La importancia de la implicación familiar
Con respecto al trabajo con el acosador, la directora ha indicado que «la implicación de las familias va a ser decisiva porque tenemos que encontrar cómo se han empezado a generar estos patrones de comportamiento violento». «La clave está en crear una cultura de convivencia y de cuidado dentro del centro», ha añadido, señalando que es necesario actuar ante «la primera señal» sin dejar que la situación se cronifique.
El papel de los educadores
El trabajo de los profesores es crucial, ya que son «el pilar del sistema preventivo, ya que tienen un contacto directo con el alumnado». Ellos ayudan a detectar las primeras señales de acoso: «miradas, burlas, cambios en el comportamiento, en el ánimo, que no siempre son indicios de acoso, pero alertan de que algo necesita atención», relató Ruiz.
El enfoque, subrayó, debe ser integral. «Se debe trabajar con los acosadores porque, a veces, también han sufrido este tipo de violencia o, por miedo a ser víctimas, pueden llegar a adoptar este comportamiento». También apuntó que «cuando se ha aprendido un comportamiento violento en el hogar, se tiende a replicarlo, gestionando las emociones de una manera negativa, acosando a otro y generando violencia».
Prácticas restaurativas y protocolos de actuación
El trabajo en estos casos, afirma Ruiz, se basa «en las prácticas restaurativas y el desarrollo de competencias socioemocionales». Aseguró que «los protocolos de actuación deben activarse cuando se detecta alguna señal o alerta». A pesar de que «siempre hay señales», reconoció que «las redes sociales han jugado un papel negativo, ya que pueden extender el acoso las 24 horas del día, haciendo que la víctima ya no tenga un espacio seguro».
Las prácticas restaurativas van más allá del castigo al agresor; implican «generar nuevos patrones donde se restaura el comportamiento» y también «crear un sentido de comunidad bajo el respeto mutuo».
El enfoque del líder positivo
Ruiz destacó que en los entornos educativos se están trabajando con círculos restaurativos donde se comparte la situación, apuntando a la figura del líder positivo. A los alumnos que agreden «se les invita a que realicen actividades más lúdicas, en las que se discuta por qué esto no está correcto». Estas actividades son «muy bonitas», ya que convierten a los acosadores en «líderes positivos», proporcionando herramientas para que comprendan que su comportamiento no es aceptable y que existen otras formas de interactuar positivamente con su comunidad.
