ZARAGOZA, 12 Mar. (EUROPA PRESS) – El glaciar de Monte Perdido, además de ser una auténtica joya natural, es uno de los últimos que existen actualmente en el Pirineo. La medición y la importancia de su preservación son tareas de vital relevancia, a las que contribuye la Fundación Ibercaja, en colaboración con Alfredo Serreta, miembro de la Escuela Politécnica Superior de Huesca del grupo Cryopyr. Este equipo ha llevado a cabo detalladas tareas de medición que documentan la imparable desaparición de este glaciar pirenaico y advierten sobre la transformación que el cambio climático causa en los paisajes de alta montaña.
La contribución de la Fundación Ibercaja a esta actuación realizada por el grupo Cryopyr (IPE-CSIC) ha sido a través de la adquisición de un dron de última generación, que cuenta con un peso reducido, una cámara de mayor resolución y capacidades de toma de datos térmicos, lo que mejora significativamente esta tarea.
La monitorización y medición de los glaciares combina técnicas de campo clásicas con métodos que han ido evolucionando con el tiempo. En este sentido, mediante vuelos de dron y fotografías terrestres se generan modelos digitales de elevaciones que permiten comparar, año a año, cambios en la superficie del hielo y en la forma del glaciar. Esta combinación de técnicas ha convertido a Monte Perdido en uno de los glaciares mejor conocidos del Pirineo en la última década.
La gran ventaja de utilizar drones es su reducido peso y la rapidez en la toma de datos, ya que en menos de una hora se puede realizar el trabajo que anteriormente costaba más de un día. Los datos obtenidos se integran en informes periódicos sobre el estado de los glaciares pirenaicos y en proyectos internacionales sobre el cambio climático en alta montaña.
Un símbolo del cambio climático en el Pirineo
La comunidad científica considera que los glaciares pirenaicos se encuentran ya en su fase final, ya que el clima de la cordillera ha dejado de ser compatible con la existencia de hielo glaciar a largo plazo. En este contexto, el glaciar de Monte Perdido se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de la alta montaña ante el calentamiento global y en un recurso clave para la educación ambiental.
Los registros disponibles muestran que el glaciar de Monte Perdido ha experimentado un retroceso muy acentuado desde finales del siglo XX, el cual se ha acelerado en las últimas décadas. En poco más de un siglo, habría perdido del orden de dos tercios de su volumen de hielo, y su lengua se ha retraído decenas de metros ladera arriba.
Las últimas campañas de monitorización han sido especialmente preocupantes debido a años muy cálidos y con escasa acumulación nival invernal, lo que ha provocado balances de masa fuertemente negativos, con pérdidas de espesor que, en algunos sectores de los glaciares pirenaicos, superan los 3 o 4 metros en un solo verano.
En el caso de Monte Perdido, el grupo Cryopyr ha documentado que la masa de hielo se fragmenta, aparecen islas desconectadas de la zona de acumulación y aumentan las zonas de hielo fósil muy degradado.
Ubicado en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el glaciar de Monte Perdido es uno de los últimos glaciares del Pirineo y el tercero en extensión de la cordillera. Situado en la cara norte del macizo, entre los 2.700 y 3.200 m de altitud, constituye un laboratorio natural excepcional para estudiar el impacto del calentamiento climático en las montañas del sur de Europa.
Su reciente evolución ha sido seguida muy de cerca por el grupo Cryopyr (IPE-CSIC), que incluye fundamentalmente a miembros del IPE-CSIC, así como a investigadores de otros centros de investigación y universidades, como la Escuela Politécnica Superior de Huesca de la Universidad de Zaragoza, que ha desarrollado un programa pionero de monitorización de los glaciares pirenaicos.
La Fundación Ibercaja contribuye a las distintas tareas de medición que reconstruyen la historia reciente del glaciar de Monte Perdido y que, a su vez, transmiten la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con el objetivo de preservar, al menos, el legado científico y cultural de estas masas de hielo, evitando que esta joya natural pirenaica se apague o desaparezca.
