MADRID 5 Jul. (EUROPA PRESS) – La política común de seguridad y defensa de la Unión Europea (UE) se desarrolla a través de decisiones acordadas por los Estados miembros por unanimidad. Sin embargo, voces han comenzado a cuestionar este sistema y proponen introducir cambios para decidir sobre defensa en aras de avanzar hacia la autonomía estratégica.
Así lo expone Carlos Martí, autor del informe de la Fundación Alternativas titulado «Una Europa más autónoma. ¿Cómo reducir nuestra dependencia militar y tecnológica?». Martí propone un sistema de voto mayoritario o la creación de una nueva estructura de toma de decisiones, alegando que la unanimidad hace «imposible» alcanzar una posición común que vaya más allá del mínimo denominador.
Martí explica que el Consejo Europeo define la política exterior y de seguridad común teniendo en cuenta los intereses estratégicos de la Unión Europea, incluidos los asuntos con repercusiones en el ámbito de la defensa. No obstante, señala que, en la práctica, su capacidad de acción está limitada por esta unanimidad, y considera que este mecanismo es el «talón de Aquiles» del modelo europeo.
El autor señala que «cada uno de los 27 jefes de Estado o gobierno tiene un veto, de facto, sobre cualquier decisión de política exterior o de defensa que no sea trivial». Una situación que ejemplifica con países que mantienen afinidades con Rusia, como Hungría, que han utilizado este veto para «bloquear o diluir innumerables posiciones comunes». «Cuando la cohesión se resiente, el sistema se paraliza», advierte.
Mayor agilidad en solitario
El experto considera que «la división entre la institución y los Estados» es una de «las líneas de fractura» dentro de la respuesta europea. «La UE como bloque ha quedado atrapada en la retórica de la máxima moderación, mientras que los Estados nacionales, con distintas velocidades y posiciones, han actuado con mayor agilidad», indica.
Martí insiste en que la unanimidad requerida para pronunciarse sobre acciones militares de aliados impide una posición común que supere el mínimo denominador. Como otra ilustración de esta dificultad, menciona que «Bruselas no pudo articular ni siquiera una posición sobre si los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán eran o no legítimos».
Por lo tanto, el experto sugiere sustituir este sistema de unanimidad por un «sistema de voto mayoritario selectivo», específico para cada cuestión en la política común de seguridad y defensa. Este mecanismo se emplearía para decisiones, acciones, posiciones, iniciativas o declaraciones específicas, puntualiza.
Además, podría incluir la delegación de ciertas decisiones a Estados miembros o grupos de Estados particulares, así como formatos que se pudieran integrar o enlazar, ex post, en la UE, como el E-3. Aunque su principal ventaja sería la «flexibilidad», también traería «inconvenientes». Entre estos, el experto destaca soluciones ‘ad hoc’ «lentas», «compartición de carga poco claras», «impredecibilidad» y «debilidad».
El problema de fondo, según el experto, radica en que los Estados miembros «temen perder control e influencia» con un sistema de voto mayoritario. A su juicio, esta opción sería aceptada si el voto tomara en cuenta el tamaño de los Estados, aunque esto es algo que los pequeños no desean, ya que implicaría legitimar las decisiones de los grandes.
Toma de decisiones como en la ONU
La otra opción sería establecer una nueva estructura que exigiría una «considerable» adaptación de la actual, detalla Martí. La implementación de esta idea podría tomar la forma de un Directorio, similar a un Consejo de Seguridad (UECS) que actuara por encima del Consejo Europeo como «centro neurálgico» de la política exterior y de seguridad común.
El experto teoriza que este Directorio estaría compuesto por los cinco Estados miembros más grandes de la UE —Alemania, Francia, Italia, España y Polonia—, junto al presidente del Consejo Europeo como miembros permanentes de esta «súper formación», además de otros seis países de la UE de manera rotatoria. La Presidencia del Consejo de la UE sería siempre uno de los miembros no permanentes.
Martí se inspira en el Consejo de Seguridad de la ONU para proponer una organización de este mecanismo. Indica que «los miembros permanentes calificarían por su tamaño y ubicación geográfica, pero también tendrían que estar dispuestos a invertir en bienes comunes y en capacidades y políticas compartidas».
Señala que tendrían que aceptar las decisiones conjuntas como vinculantes y poner la representación exterior en mayor medida que hasta ahora en manos conjuntas. Avisa de que «eso no puede darse por sentado, pero sería imperativo para la aceptación interna de este directorio».
Siguiendo esta línea, Martí plantea que en este concepto el Consejo Europeo actuaría como un plenario deliberativo para discutir temas antes de que el directorio de doce miembros tome decisiones. Sin embargo, advierte que perdería su papel como centro estratégico y, en última instancia, en política exterior.
Otra consideración es que todo el sustento de la política exterior de la UE tendría que adaptarse, especialmente el Comité Político y de Seguridad (COPS), el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y la oficina del Alto Representante.
Martí concluye manifestando que «las disputas y rivalidades» serían «menos paralizantes» que las del Consejo de Seguridad de la ONU, aunque señala que «no está garantizado plenamente» y se basa en experiencias históricas de conflictos, como las discusiones entre Francia y Alemania sobre temas menores, incluida la suspensión del proyecto FCAS, en el que también participaba España, debido a discrepancias entre las industrias francesa y alemana.
Martí enfatiza que este órgano no sería efectivo si los intereses y preferencias de los Estados miembros no convergen con más intensidad en temas de política exterior y seguridad decisivos, posicionando como el principal problema de esta opción «la pérdida del principio de igualdad y el peligro de exacerbar fricciones entre los Estados miembros, si los que quedaron fuera consideraran que sus intereses no están representados adecuadamente».
