
SAN SEBASTIÁN, 7 Feb. (EUROPA PRESS) – El abogado Rubén Múgica, hijo de Fernando Múgica, el histórico dirigente socialista asesinado por ETA hace 30 años, ha criticado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al considerarlo «desmemoriado». Múgica denunció que Sánchez ha convertido «la acción de gobierno» en un «mercadillo» con «los herederos de los criminales», a quienes presenta como socios, mientras califica de «fachas» a quienes disienten. En su discurso, exigió «igualdad» para las víctimas del terrorismo y pidió a la izquierda abertzale que «digan los nombres y los apellidos de los asesinos, que sin duda conocen».
Múgica se expresó en estos términos durante el homenaje que se llevó a cabo en el cementerio de Polloe en San Sebastián, como cada año, a su padre, quien fue asesinado el 6 de febrero hace 30 años.
En la ceremonia, una ofrenda floral, asistieron la viuda de Fernando, Mapi de las Heras; su hijo, José Mari Múgica; sus nietos y diversos representantes socialistas, entre ellos, el secretario general del PSE-EE de Gipuzkoa, José Ignacio Asensio; Miguel Ángel Morales, Denis Itxaso, la viceconsejera de Derechos Humanos del Gobierno Vasco, Arritxu Marañón, y el alcalde donostiarra, Jon Insausti, entre otros.
Durante su intervención, Rubén Múgica recordó cómo «la basura Batasuna atemorizaba a una parte de la población, mientras Arnaldos y Mertxes justificaban públicamente los asesinatos». «Todos sabemos que también los celebraban», denunció, añadiendo que «nadie les ha pedido cuentas por tantos años de extorsión a la democracia».
«Incluso hay quienes piensan que debemos darles las gracias: un aplauso para los criminales, que ya no matan», censuró. Múgica aseveró que «la política vasca estuvo impregnada durante décadas de crimen organizado», donde «callar y mirar para otro lado se convirtió en una rutina, como dar la espalda a perseguidos y amenazados», comparando esta complicidad con la pasividad de los vecinos durante el holocausto: «¡Qué raro, es verano y sale humo por la chimenea!».
El nacionalismo vasco convencional, continuó Múgica, «hacía bromas sobre golpes en los árboles y recogida de nueces», lo que, a su juicio, no podía quedar impune. «Si banalizas el crimen y engordas al criminal, no lamentes cuando luego te devore», advirtió.
Múgica también criticó a «ventajistas profesionales» que sugieren que «hubo un pacto», afirmando que «si los criminales dejaban de matar, la democracia sería generosa con ellos». «¡Qué cara más dura, resultado de tantos años de mentiras!» subrayó.
Además, enfatizó que «este homenaje a Fernando Múgica es un homenaje a todas las víctimas del terrorismo», quienes no son «un coto cerrado, ni un bloque hermético», y que reclaman su «lugar», considerando que todas las víctimas tienen en común que «ninguna se ha tomado la justicia por su mano».
Múgica insistió en que «los asesinos eran distintos y en épocas distintas, pero los chivatos de Batasuna fueron los mismos» y lamentó «cuánta complicidad» ha existido en su «blanqueamiento», reflejando que hoy pasean «por calles y plazas bajo siglas distintas, pero con el mismo collar de siempre: la jactancia».
El hijo de Fernando Múgica también sentenció que «no imaginaron los herederos de los criminales que un desmemoriado, llamado Pedro Sánchez, convertiría la acción de gobierno en un mercadillo». También señaló que las víctimas reclaman «igualdad», pues «no puede ser que casi 380 asesinatos estén aún sin resolver, y que el Estado solo sepa encogerse de hombros cuando se le recuerda que muchos sumarios fueron cerrados prematuramente».
En su opinión, si se proporciona tanto trato a Arnaldos y Mertxes, «¡qué menos que exigirles que digan los nombres y apellidos de los asesinos, que sin duda conocen!». Además, sostuvo que «los asesinados y su memoria no son patrimonio de nadie» y que sus familiares no tienen razón «por el hecho de ser víctimas del terrorismo».
Rubén Múgica recordó en su discurso lo que su padre pensaba poco antes de ser asesinado: «la democracia es condición necesaria, pero no suficiente, para la existencia y garantía de las libertades, que no son posibles sin el Estado de Derecho; no hay punto intermedio entre quienes mataban y quienes morían, se está con unos o con otros; el Estado debía ser impecable con los terroristas, y sobre todo implacable; y que el combate contra el crimen organizado de ETA era, ante todo, un combate contra el totalitarismo».
Por su parte, Suárez Illana expresó su «profundo rechazo» hacia aquellos que «tanto daño hicieron y siguen haciendo hoy a la sociedad vasca y a España entera», así como a quienes se empeñan en levantar y mantener un «muro del silencio».
Halo de Esperanza
En este contexto, Rubén Múgica deseó transmitir «un halo de esperanza», destacando que la vida de su padre «no se perdió en vano» y que «llegará el día de la vergüenza para todos aquellos que, de una u otra forma, colaboraron con el odio asesino».
Manuel Valls hizo hincapié en la importancia de «recordar a las víctimas, hacer este trabajo de memoria que muchos hoy no realizan y perdonar solo si ellos piden perdón y reconocen los hechos». Abogó por «situar siempre a las víctimas en el centro de la memoria política e histórica, y no a los asesinos, y mucho menos blanquear a los asesinos, hoy con sus herederos sentados en la mesa del poder».
Además, Valls censuró que «se habla mucho de memoria histórica», pero «se olvida hoy en España la memoria viva, desgarradora, porque víctimas y verdugos aún pueden codearse». Destacó también el «auge del antisemitismo, del antisionismo, del odio a los judíos y a Israel», afirmando que «los grandes acontecimientos terribles del siglo XX, como si Auschwitz no hubiera existido, se están olvidando». «El sectarismo, lo sabemos todos, es el paso más rápido, más corto, hacia el totalitarismo», añadió.
Insausti
El alcalde donostiarra, Jon Insausti, declaró a los medios que «Donostia no olvida lo sucedido, no olvida el sufrimiento vivido y tampoco olvida a las víctimas de esa injusticia».
Insausti enfatizó que «honrar a Fernando es reivindicar la buena política del trabajo honesto, del compromiso cívico, pero sobre todo hoy, la de la valentía personal». Agregó que Fernando Múgica «representa a una saga de políticos que lo dieron todo por Donostia, por los donostiarras, incluso cuando eso suponía un riesgo personal».
Finalmente, José Ignacio Asensio destacó que estos 30 años «no han pasado en vano», señalando la «evolución» que ha habido en la «lucha por la libertad», con el fin de ETA, «bajo el paraguas y liderazgo del Partido Socialista». Recordó que la situación actual de «consolidación de la democracia y la libertad en Euskadi» se debe a todos esos socialistas que «marcaron un camino».
