El presidente del Parlament de Catalunya, Josep Rull, ha afirmado que la montaña y la Abadía de Montserrat son un «estandarte» de la identidad nacional catalana que trasciende la dimensión religiosa y simboliza el arraigo a Catalunya. Durante su intervención en el acto de entrega del Premi Canigó al Monasterio de Montserrat, organizado por la Universitat Catalana d’Estiu (UCE) en Prada de Conflent, Francia, en conmemoración del milenario de la abadía, Rull anunció que en 2027 se celebrará el milenario del Parlament.
Cargado de Simbolismo
En su discurso, Rull destacó que el acto estaba cargado de simbolismo, ya que el galardón lleva el nombre de una montaña «emblemática» que representa la solidaridad, la unidad y el hermanamiento de los territorios de habla catalana. Reiteró que «cualquier nación del mundo, pequeña o grande, necesita de referentes que inspiren confianza y admiración, que sean capaces de reafirmar este ‘nosotros’ que nos define y a la vez nos distingue».
El presidente mostró su «incomodidad» por los errores cometidos a lo largo de la historia de la institución, aunque resaltó el monasterio de Montserrat como uno de los pilares culturales que mantiene en pie el alma y la conciencia colectiva de Catalunya. También expresó su preocupación por las amenazas que enfrenta la identidad y la lengua catalana, señalando regiones como las Baleares y la Comunidad Valenciana, donde el ataque a estos aspectos está, según él, “absolutamente desbocado”.
Un Acto de Justicia
El abad de Montserrat, Manel Gasch, agradeció el premio en nombre de la institución, describiéndolo como «un acto de justicia por todo lo que ha representado la fe en Catalunya». Gasch hizo hincapié en la importancia de discutir y confrontar opiniones, sugiriendo que recibir el Premi Canigó los asocia a una dinámica de reflexión institucional que les enorgullece.
En el acto, algunos asistentes levantaron pancartas con el lema «Catalunya no tiene rey». El arzobispo de Tarragona, Joan Planelles, también se refirió a Montserrat como una escuela de identidad colectiva con «marcado carácter espiritual y comunitario», afirmando que continúa siendo una verdadera atalaya del cristianismo y un faro de esperanza para la comunidad cristiana y la sociedad en general.
