
BARCELONA, 19 Ene. (EUROPA PRESS) – El responsable de comunicación del Sindicato Ferroviario, Joan Rodríguez, ha asegurado este lunes que es «muy pronto» para conocer las causas del accidente ferroviario ocurrido este domingo en Adamuz (Córdoba), que ha dejado al menos 39 fallecidos y más de 150 heridos tras el descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad.
En una entrevista, Rodríguez ha calificado de «extraño» el siniestro dada la modernidad de los trenes implicados, uno de Renfe y otro de Iryo. Ha pedido paciencia, ya que el proceso para determinar las causas será largo.
Explicó que la comisión técnica de investigación ya está trabajando sobre el terreno, analizando la infraestructura, como los carriles y traviesas, así como las unidades involucradas. «Los detalles que se obtengan en la parte de la rodadura de ambas unidades ayudarán a descifrar cuál ha sido la causa», afirmó Rodríguez.
Sobre el estado de los trenes, recordó que el sindicato ya denunció el pasado verano la existencia de «temblores» en algunas de las series nuevas de Renfe, como la 106, que generaron fisuras en elementos de rodadura. No obstante, precisó que el tren de Iryo involucrado en este accidente es una unidad que «no tendrá más de cuatro o cinco años desde que salió de fábrica».
UN TRAZADO «NORMAL» CON UNA AGUJA
Respecto al punto donde se produjo el siniestro, el portavoz sindical indicó que se trata de un trazado «normal», en línea recta y recientemente renovado, cuya única particularidad es la presencia de una aguja, el elemento técnico que permite el cambio de vía de los trenes.
Asimismo, señaló que no existen indicios que sugieran que el exceso de velocidad pueda ser un factor determinante, según las informaciones actuales, teniendo en cuenta que se trata de un trazado en línea recta y unidades nuevas, coincidiendo así con las valoraciones previas del ministro de Transportes, Óscar Puente.
Finalmente, Rodríguez reconoció que, por la gravedad de las imágenes, este suceso recuerda a la tragedia de Angrois, ocurrida el 24 de julio de 2013 en Santiago de Compostela, situándolo como uno de los accidentes ferroviarios «más graves de los últimos años» en España.
