HUELVA, 23 Ene. (EUROPA PRESS) – El onubense Paco de la Corte ha sido una de las víctimas del accidente de Adamuz (Córdoba) que ha vuelto a nacer. Salió despedido de su asiento del Alvia tras el accidente y, cuando volvió a su sitio, estaba «empotrado» en el delantero. Le invitaron a ir a la cafetería, que se encontraba en el vagón dos, pero declinó la invitación porque se encontraba cansado. Después descubrió que de ese vagón no salió nadie con vida.
Aunque herido, logró sobrevivir al descarrilamiento del Alvia que circulaba de Madrid a Huelva. Viajaba en el vagón 3, regresando tras presentarse a las oposiciones para funcionario de prisiones. Ayudó también a algunas personas a salir. En declaraciones, este vecino de Huelva capital relató que no se dio cuenta de nada porque «fue todo en cuestión de dos segundos» y «todo se puso oscuro».
De la Corte ha subrayado que, cuando fue consciente, salió del tren y lo que «más le llamó la atención» fue «la solidaridad de la gente» que se encontraba ayudando, «sobre todo del pueblo de Adamuz que se volcó con nosotros de una forma increíble». Él mismo le dio un gorro de lana que llevaba puesto «a una chica que tenía frío y que estaba regular».
Paco detalla que las secuelas del accidente son «la espalda contracturada entera y magullada desde el coxis hasta el cuello», pero que «gracias a Dios» no tiene «ninguna vértebra rota». «La pierna derecha la tengo también fastidiada y la muñeca de la mano izquierda; tengo otras cosas que no le di importancia en un principio porque pensaba que eran de no haber dormido y del shock, y que al final resultan ser secuelas típicas de lo que llaman la tira cervical: dolores de cabeza, pitido en los oídos, vómitos y cosas así, mareos. A veces se me desenfoca la vista, pero no tengo ningún hueso roto ni ningún órgano afectado, a priori», explicó.
El onubense recuerda que, cuando salió del vagón, él mismo «estaba de pie, estable, fuera de su carril; evidentemente había descarrilado, pero estaba de pie», por lo que los que consiguieron salir pensaron «que todo el mundo estaba igual». «Entonces nos quedamos fuera esperando que vendrían ambulancias o quien fuera a llevarnos a casa», dijo.
Este fue el pensamiento de los supervivientes hasta que un chico se adelantó un poco, vio cómo estaba el escenario y exclamó que era «una catástrofe absoluta», pidiendo a todos los que estuvieran bien que «por favor» se fueran con él para «ayudar a salir a gente de allí». Los que estaban peor se quedaron tumbados, que eran dos o tres, y el resto fue a ayudar a los demás.
Paco indica que «no recuerda» haber notado vibraciones «ni nada así extraño», y que «si las hubiera habido tampoco creo que le hubiera echado mucha cuenta, porque también viajo mucho en avión y las turbulencias son muy normales». Al tiempo que apuntó que cuando se produjo el impacto «en cuestión de dos segundos se puso todo en oscuro» y sintió «sacudidas violentas por todo el cuerpo en milésimas de segundos».
TODO ERA UN AMASIJO
Salió despedido de su asiento, «íbamos a 200 kilómetros por hora y eso fue un frenazo en seco», acabando en el extremo contrario del vagón en el que viajaba. Paco cuenta que empezó a tocar a su alrededor y «tenía unas cuantas personas encima suya». «Me las fui quitando y tocaba personas y cosas. Éramos como un amasijo de todo: personas y partes de muebles». Cuando volvió a la zona de su asiento, «estaba también arrancado de cuajo y pegado al de adelante», por lo que destaca que no sabe «si fue incluso bueno haber salido volando».
«Y no sé si recuperé la conciencia o no, porque no sé si perdí el conocimiento. Cuando se estabilizó todo hubo dos o tres segundos de tensa calma; estaba todo oscuro y lleno de polvo, supongo que sería del descarrilamiento. Olía un poco a quemado, imagino que del frenazo, y entonces ya empezó la gente a iluminar con el móvil, a escucharse gritos y llantos, y ya empezó todo el mundo a encontrar sus móviles y a sus seres queridos. Nos recompusimos un poco y salimos fuera, pero no éramos conscientes de lo que había pasado», narra.
Por ello, señala que pensaban que había sido «un descarrilamiento típico, como un choque con un camión, un tractor o algo así». Fuera del tren, la gente no sabía muy bien qué había pasado, hasta que nos dimos cuenta de todo, y a partir de ahí fue todo muy rápido, como una película que no te puedes creer que estás viviendo allí mismo. «Había gente joven, mujeres embarazadas, niños, personas mayores, había de todo», añade.
Finalmente, Paco de la Corte comenta que al lado suyo en el tren iba un preparador de oposiciones, a quien no conocía, pero que estuvo charlando con él sobre el examen y que fue uno de los que falleció en la cafetería del tren porque lo fueron a buscar. «Ya una vez de pie, me dijo que si quería ir con ellos a tomar un café porque él sabía que yo iba solo, y le dije que no porque estaba bastante cansado. Después, me han comentado que del vagón cafetería no salió nadie, así que, en ese sentido, también he vuelto a nacer».
Este onubense destaca que «ha vuelto a nacer» y que «todo el mundo» le dice que cuando se recupere «a ver si celebramos nuestro segundo cumpleaños».
