Cádiz, 12 de febrero (EUROPA PRESS) – Los vecinos de Grazalema, un pequeño pueblo de la sierra de Cádiz, vieron su tranquilidad truncada el pasado miércoles 4 de febrero al recibir casi 600 litros de precipitaciones en 24 horas. Esta acumulación provocó inundaciones en sus calles y hogares, con agua saliendo de enchufes, suelos y paredes. Días después, más de 1.600 personas tuvieron que abandonar sus casas y trasladarse al pabellón El Fuerte de Ronda (Málaga), donde ahora se encuentran en un ambiente de solidaridad, acompañados de juegos, charlas y la incógnita sobre su regreso.

Aunque Grazalema es uno de los municipios más lluviosos de España, nadie pronosticó el desastre que se avecinaba. Desde entonces, sus habitantes han transformado el pabellón rondeño en un punto de encuentro, donde también se han celebrado momentos alegres, como el cumpleaños de un vecino de 94 años, Pepe Ramírez, quien festejó su día rodeado del cariño de muchos.
En estas difíciles circunstancias, resalta el trabajo de Cruz Roja en Málaga y de los «centenares» de voluntarios que asisten a estos vecinos desplazados, incluidos los de otras localidades como Benaoján. El pabellón, preparado con «600 camas», ha sido clave en la rápida respuesta del ayuntamiento de Ronda, que organizó el alojamiento de los desalojados que no encontraron refugio en casas de amigos y familiares.
En el recinto, donde diariamente se ofrecen desayunos, comidas y cenas, los más pequeños, que se quedaron sin clases, se divierten con actividades recreativas. A pesar de la adversidad, el ambiente se siente como «una fiesta», según comenta Paco Márquez, responsable de Cruz Roja, quien mencionó que los niños experimentan esta situación de distintas maneras: algunos lo ven como unas vacaciones, mientras que otros preguntan por el regreso a sus hogares.
Sin embargo, la incertidumbre persiste. El alcalde de Grazalema, Carlos Javier García, destacó la necesaria cautela para garantizar un regreso seguro, dado que los terrenos aún presentan riesgo de derrumbes y deslizamientos. «Reincorporarse debe hacerse con las máximas garantías», afirmó, subrayando el análisis exhaustivo que se realiza para asegurar la estabilidad del pueblo.
Del desalojo a la incertidumbre
El 5 de febrero quedará marcado en la historia de Grazalema como el día en que la lluvia, que antes era un mero dato meteorológico, alteró radicalmente la vida de sus habitantes. Calles convertidas en torrentes arrastraron todo a su paso, forzando una evacuación coordinada por la UME, Protección Civil, Policía Local y Guardia Civil.
La solidaridad de los municipios vecinos fue notable; Ronda, con buena conexión por carretera, abrió las puertas de su pabellón para acoger a los evacuados. Este esfuerzo se complementa con el trabajo de la Junta de Andalucía, que busca soluciones educativas para los niños de Grazalema, quienes enfrentan el desafío de mantener sus estudios sin poder regresar a su escuela. Se considera la posibilidad de clases telemáticas para integrar a los alumnos en otros centros hasta que puedan regresar a casa.
Una semana sin clases ha dejado huella en estos estudiantes, quienes aprenderán de forma involuntaria sobre geografía, historia y valores, a través de la resiliencia mostrada por su comunidad y por aquellos que ofrecen ayuda en estos momentos difíciles.
