La precandidata a la Presidencia de Colombia, Vicky Dávila, se encuentra en el centro de la atención mediática al declaro su intención de «rescatar» al país del proyecto político que ha implementado Gustavo Petro, a quien califica de «destructivo».
Durante más de tres décadas como periodista, Dávila ha desafiado al poder en Colombia. En una entrevista concedida el 25 de agosto de 2025, expresó: «Nunca en mi vida pensé ir a buscar la Presidencia», revelando su firme decisión de presentarse como candidata del Movimiento Valientes, que recientemente ha iniciado la recolección de firmas para las elecciones programadas para mayo de 2026.
A sus 52 años, Dávila busca suceder al primer Gobierno de izquierda del país, impulsada por lo que considera una «obligación moral», afirmando que Colombia está «por primera vez en riesgo». «Siempre habíamos vivido bajo una amenaza criminal externa e interna, pero ahora Petro es la amenaza, su proyecto político destructivo», indicó la exdirectora de la revista Semana, quien ha destapado escándalos que involucran al hijo del presidente, Nicolás Petro, y a varios de sus ministros.
Una «revolución de oportunidades»
Aunque su enemistad con la izquierda es bien conocida, Dávila evita ser encasillada ideológicamente. «No estoy aquí para representar como tal una ideología. Estoy al lado del ciudadano de a pie, del taxista, de la señora que tiene que ir a hacer aseo», subraya, recordando su propia historia como una «mujer común y corriente» que nació en una familia «muy pobre, sin plata ni apellido».
La precandidata se muestra convencida de que un eventual gobierno suyo podría ser «una revolución de oportunidades». Entre sus propuestas se destacan un subsidio y un crédito —no gratis, enfatiza— para que jóvenes y familias de bajos recursos puedan tener casa propia y emprender, además de campañas educativas «para que los muchachos no se metan a las drogas» y hỗ trợ para campesinos cocaleros que opten por cultivos «legales».
El fin de la «paz total»
Dávila también ha manifestado su intención de establecer un gobierno de «firmeza y determinación» para enfrentar a los criminales. Asegura que, en su primer día en la Casa de Nariño, terminaría con la «paz total» de Petro, la cual considera estancada en negociaciones fallidas con grupos armados. Su propuesta incluye recuperar la autoridad del Estado «sin abusos pero sin complejos», así como la captura y extradición de criminales a Estados Unidos, indicando que «a mí sí me gusta la extradición. Y me gusta mucho».
Considera a Estados Unidos como un aliado clave en la lucha contra el narcotráfico y los grupos ilegales, y adelanta que restablecería relaciones diplomáticas con Israel, reabriendo la embajada en Tel Aviv que fue cerrada por Petro.
IA para optimizar el Estado
La inteligencia artificial es también parte de su plan para sanear las finanzas públicas colombianas. «Me gusta mucho el tema de la inteligencia artificial para optimizar el Estado. En todos los sentidos, es increíble: se optimiza el gasto, se mejoran los diagnósticos médicos, se acaban los desperdicios”, expresa Dávila, quien plantea fusionar ministerios para reducir costos.
En el ámbito económico, Dávila promete «recuperar la confianza inversionista» mediante la estabilidad jurídica y sugiere que podría ser necesario declarar una emergencia económica. Además, ha propuesto reactivar el sector extractivo, con planes de explorar más petróleo y hacer fracking, buscar gas, carbón e impulsar la minería legal.
Sueño o propósito
La carrera presidencial en Colombia apenas comienza, y Dávila reconoce que no tiene claro si alcanzará su meta en solitario. «Eso es lo que sueño y en eso estoy», comenta, aunque admite que la aritmética electoral podría forzarla a formar coaliciones. «El propósito no es que Vicky sea presidenta», señala, «sino que el proyecto de Petro se vaya del poder».
No oculta su simpatía por el expresidente Álvaro Uribe, fundador y líder del partido Centro Democrático. Sin embargo, advierte que no pactará «con la corrupción ni con criminales», principios que ha denunciado toda su vida. Con confianza, asegura que no teme regresar al periodismo, pues «si uno hace las cosas bien, de manera transparente, ¿cuál es el pecado?».
