Un reciente estudio revela que el uso de la Inteligencia Artificial (IA) presenta una notable brecha generacional en la Región de Murcia. Según el Estudio Sociológico sobre el Uso de la Inteligencia Artificial, el 54,9% de la población no utiliza esta tecnología, mientras que un 36,8% reconoce usarla de alguna forma, ya sea de manera personal (11,6%), profesional (7,3%) o en combinación (17,9%).
El análisis, elaborado por el Observatorio Español de Estudios Demoscópicos (OBEDE) de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), se basa en 800 entrevistas realizadas entre el 18 y el 28 de noviembre de 2025 a personas censadas en esta comunidad autónoma.
Los resultados del estudio indican que la población percibe riesgos significativos relacionados con el uso de la IA, desplazando el enfoque del debate tecnológico a preocupaciones éticas. La ciudadanía centra su atención en la protección de menores, la privacidad y el control de la información personal, en lugar de temores laborales sobre la pérdida de empleo o la complejidad técnica.
La brecha generacional es evidente: el 61,3% de los jóvenes de 18 a 30 años afirma que utiliza la IA, en contraste con solo el 17,8% de los mayores de 65. El uso profesional también muestra diferencias marcadas, alcanzando un 18,7% entre los jóvenes y solo un 2,2% entre los mayores, lo que subraya que la adopción de la IA es un fenómeno claramente generacional.
Francisco Arcas, ingeniero en Informática de la UCAM, destacó que «los resultados evidencian una brecha de adopción significativa». A pesar de la integración de la IA en dispositivos móviles y aplicaciones comunes, la mayoría de la población no interactúa conscientemente con esta tecnología. A finales de 2025, España había superado los 62 millones de líneas móviles, y el 95% de los usuarios contaba con un smartphone, sugiriendo que el verdadero número de usuarios de IA podría ser considerablemente mayor.
Federico Juárez, director de la Cátedra de Inteligencia Artificial de la UCAM, añadió que estamos observando un fenómeno de «digitalización invisible», indicando que solo un 7,3% de los encuestados utiliza la IA exclusivamente para trabajar. Juárez también advirtió sobre el uso clandestino de herramientas por parte de empleados, un fenómeno conocido como ‘Shadow AI’, que puede introducir riesgos adicionales de gobernanza y control en las empresas.
Preocupaciones Ciudadanas ante la IA
Las inquietudes de la ciudadanía se centran en los riesgos éticos y sociales asociados a la IA. La posibilidad de que la tecnología sea peligrosa para menores recibió la puntuación media más alta (4,2), seguida de cerca por preocupaciones sobre la privacidad y la intromisión en la intimidad (4,0).
En un segundo nivel, el temor a que la IA controle la voluntad de las personas sin su conocimiento se sitúa en 3,3, mientras que la preocupación por la pérdida de puestos de trabajo obtiene una puntuación de 3,1. Las percepciones son más intensas en los mayores de 65 años, donde las preocupaciones por la seguridad de los menores ascienden a 4,5.
Juárez resumió esta dinámica afirmando que «la preocupación por el empleo es sorprendentemente baja, eclipsada por un temor mucho más visceral: la seguridad de los menores y la privacidad». Arcas coincidió, indicando que la sociedad prioriza la integridad de los datos y la protección de colectivos vulnerables sobre el impacto económico en el empleo.
Inquietudes de los Ciudadanos
La alarma social es más intensa cuando la IA se asocia a usos perjudiciales. El uso de herramientas digitales para acosar, humillar o extorsionar a personas, incluyendo la manipulación de imágenes de menores con fines sexuales, genera la mayor preocupación, con una puntuación media de 4,4 sobre 5. La desinformación en salud y sanidad (4,1) y la manipulación informativa en política alcanzan una puntuación similar (3,9), mientras que la inquietud por informaciones falsas sobre la vida privada de personajes públicos se sitúa en 3,2.
De nuevo, la edad amplifica el riesgo percibido: la preocupación por el acoso de menores sube de 4,1 en jóvenes a 4,7 en mayores de 65 años, y la desinformación sanitaria aumenta de 3,9 a 4,3. Arcas interpretó estos datos como un reflejo del clima social actual, caracterizado por una desconfianza hacia la veracidad del contenido digital y un temor hacia el uso malintencionado de la IA.
Finalmente, Juárez afirmó que «la ciudadanía ha hablado claro: priorizan la protección contra los deepfakes y el acoso digital por encima del crecimiento económico», sugiriendo que «la eficiencia ha dejado de ser el argumento de venta principal». En este contexto, se plantea que la próxima batalla en el ámbito de la IA será puramente humanista.
