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LOGROÑO, 4 Abr. (EUROPA PRESS) – La psicóloga Miriam Rodríguez Menchón ha resaltado que las redes sociales contribuyen a agravar los problemas psicológicos y agravan situaciones como el Síndrome de Hikikomori, un término que describe el malestar que lleva al aislamiento social.
Rodríguez Menchón, profesora del Máster en Intervención Psicológica en Niños y Adolescentes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), señaló que el uso excesivo de redes sociales por parte de los adolescentes dificulta el desarrollo de las habilidades sociales reales que se aprenden en el trato cara a cara.
«Las nuevas tecnologías y redes sociales se supone que suponen un avance, pero los profesionales de la salud mental estamos observando que están contribuyendo a un agravamiento de muchos problemas psicológicos«, apuntó en una entrevista.
<pLa experta se refirió a problemas como la depresión, la ansiedad, los trastornos de la conducta y, especialmente, al SÍndrome de Hikikomori, también conocido como el Síndrome de la Puerta Cerrada. Este fenómeno hace referencia a un aislamiento social extremo y voluntario.
Las personas afectadas tienden a recluirse en su habitación, evitan todo tipo de contacto social y, en muchas ocasiones, sustituyen las relaciones en persona por vínculos en línea.
Este síndrome afecta tanto a hombres como a mujeres y puede manifestarse a cualquier edad, sin embargo, tiene una tasa de incidencia notablemente más alta en los varones y en personas jóvenes, especialmente en adolescentes y jóvenes adultos.
Como psicóloga especializada en infancia y adolescencia, Rodríguez Menchón indicó que una señal de alarma para identificar este síndrome es cuando un joven deja de realizar actividades que antes disfrutaba, como practicar deportes, salir con amigos o asistir a clases.
El síndrome, explicó, no está clasificado como un trastorno psicológico, como sí lo están la depresión o el trastorno obsesivo compulsivo. A pesar de eso, hay síntomas que lo catalogan como una forma de expresar el malestar, y hay investigadores que están intentando clasificarlo como un trastorno, aunque aún falta mucho por definir.
Las Redes Sociales y su Contribución al Aislamiento
Para hablar del síndrome, es necesario observar a un adolescente que se aísla de manera extrema en su habitación durante períodos prolongados, dejando de ir al colegio; o, en el caso de un adulto, ausentándose del trabajo.
Es «llamativo», afirmó Rodríguez Menchón, cómo el interés de los investigadores por estudiar este fenómeno se ha duplicado desde la pandemia.
«Todo apunta a que, aunque las nuevas tecnologías y las redes sociales no son la causa principal del aislamiento de un joven, sí contribuyen de manera significativa», agregó.
El bienestar emocional que el joven no recibe al romper los lazos con el mundo exterior, lo busca en la gratificación que obtiene a través de la interacción en línea. «Esto contribuye a que la sintomatología se mantenga», subrayó.
Aún se «debe determinar» cuáles son las causas del Síndrome de Hikikomori, pero se identifican «dos posibles vías».
Una de ellas es cuando, sin otro trastorno psicológico, la persona se aísla debido a vulnerabilidades personales. Se observa en chicos introvertidos, con baja tolerancia al estrés, que no saben resolver conflictos o que han tenido malas experiencias escolares, como acoso o dificultades con un profesor. Esto se percibe como una estrategia de afrontamiento disfuncional: el individuo se aísla para evitar el malestar que esas situaciones le generan.
La segunda vía se considera como síndrome secundario, que ocurre cuando el aislamiento es consecuencia de otro problema psicológico, como una depresión o un trastorno de ansiedad social extremo.
El abordaje por parte del entorno de las personas afectadas debe centrarse en trabajar el déficit de autoestima y habilidades sociales. A pesar de que estas habilidades puedan existir, el aislamiento provoca una mayor inseguridad en la persona.
Es fundamental un proceso de reintegración al mundo exterior «de manera progresiva, poco a poco, respetando su ritmo para recuperar el contacto con el exterior.»
Señales de Alarma
Rodríguez Menchón considera el síndrome como «un fracaso del sistema en la percepción». Las señales de alarma que pueden anticipar el aislamiento extremo se pueden observar en un adolescente que empieza a faltar a clases con excusas y tiene ausencias frecuentes.
Esto «ya indica que puede haber algún problema subyacente, que puede derivar de una mala experiencia con un profesor, con compañeros, o de sentirse aislado; sobre todo, durante la adolescencia, en donde lo social es fundamental para el desarrollo personal».
Otra señal «muy evidente» es el cambio en los ciclos de sueño y vigilia, jugar a videojuegos durante la noche y dormir durante el día, junto con la pérdida de rutinas o el rechazo a salir de casa. Estas conductas «son indicadores de que algo no va bien y que la persona está intentando aislarse».
Reducción de la Edad de Acceso: Medidas Positivas
Dada la necesidad de utilizar las redes sociales de manera responsable en adolescentes, Rodríguez Menchón ve como algo «positivo» las medidas para reducir la edad de acceso.
«Estamos observando un incremento en los trastornos asociados al uso de redes sociales, así como mayores niveles de depresión, ansiedad y cuadros que, aunque no se encuadran como trastornos, generan un considerable malestar psicológico», destacó.
Por lo tanto, propone que la edad de acceso a las redes sociales sea más alta de lo que actualmente se permite, así como que el ordenador esté «en un lugar visible para todos» y que se implementen «medidas de control parental» como otras recomendaciones a tener en cuenta en el hogar.
