A pesar de que el Ejército israelí ha suspendido su ofensiva en Gaza, de que Hamás ha entregado a los 20 rehenes que tras más de dos años aún permanecían retenidos y de que la ayuda humanitaria ha comenzado a entrar en la Franja, este miércoles miles de españoles volvieron a salir a la calle para expresar su apoyo a la causa palestina y su rechazo al Gobierno de Benjamin Netanyahu.
Mientras se destacaba el carácter pacífico de la mayoría de estas protestas, algunas se tornaron violentas, lo que ha llevado a muchos a preguntarse por qué en España no cesa el descontento a pesar del reciente acuerdo de paz alcanzado entre Israel y Hamás.
«Este acuerdo de paz lo consideramos una pantomima», resumía una de las activistas que se unió a las protestas en Barcelona en declaraciones a medios locales. Otro manifestante hablaba de «una tregua ficticia», reflejando la preocupación expresada en días recientes por numerosos expertos que consideran que, tras superarse la primera fase del proceso propuesto por el presidente Donald Trump, ahora se presenta la parte realmente difícil del mismo.
La primera fase del plan contemplaba el cese inmediato de las hostilidades, con la suspensión de todas las operaciones militares, la liberación inmediata de todos los rehenes israelíes y la entrega de los cuerpos de los fallecidos en un plazo de 72 horas. Además, el Gobierno israelí se comprometía a liberar a los prisioneros palestinos en Israel, incluidos 250 condenados a cadena perpetua y 1.700 personas detenidas desde el inicio de la guerra. Sin embargo, a estas alturas, ni se han entregado todos los cadáveres, ni se ha liberado a todos los presos palestinos.
La segunda fase, que se antoja más complicada aún, contempla que Hamás deponga sus armas, una amnistía para los miembros de Hamás que se comprometan a renunciar a la resistencia armada y el despliegue de una fuerza internacional de paz. Sin embargo, es la tercera fase, que aboga por la creación de un Gobierno tecnócrata en Gaza y la posibilidad del reconocimiento de un Estado Palestino, la que muchos consideran insalvable. De hecho, el pasado 30 de septiembre, el propio Netanyahu volvió a descartar la posibilidad de que se reconozca a Palestina.
Escepticismo ante el posible reconocimiento de Palestina
«Hace falta un acuerdo político de fondo para reconocer la soberanía del Estado de Palestina. Hasta que no ocurra esto, este conflicto no se habrá resuelto», aseveró ayer el secretario general de Comisiones Obreras, Unai Sordo, durante la jornada de paro convocada en Madrid, a la que se sumó el embajador de Palestina en España, Husni Abdel Wahed. «Esto solo es un alto el fuego, nada más. No se puede ceder en la presión», recalcó el sindicalista, quien llegó a reclamar el cierre de la embajada israelí.
En Barcelona, la protesta derivó en disturbios frente al consulado de Israel. Allí, según los Mossos d’Esquadra, un grupo intentó derribar las barreras y lanzó piedras contra los agentes. La manifestación, que había reunido a unas 15.000 personas según la Guardia Urbana, se dispersó tras los primeros enfrentamientos.
Las imágenes de grupos atrincherados tras columnas de fuego recorrieron las redes sociales. Las proclamaciones fueron más radicales que en Madrid: «Israel asesina y Europa patrocina», clamaban algunos manifestantes. Otros portaban pancartas con mensajes incendiarios; una en particular rezaba: «Derribemos el Estado de Israel. Alto al imperialismo genocida».
Este tipo de mensajes llevó a la encargada de negocios de la embajada de Israel en España, Dana Erlich, a reaccionar a través de las redes sociales, afirmando que las protestas no buscaban la paz, sino que obedecían al «puro odio contra Israel».
«Si alguien todavía tenía dudas: El hecho de que las manifestaciones contra Israel continúen, días después de que Israel aceptó un acuerdo que ofrece a la región una oportunidad verdadera para un futuro pacífico, muestra claramente de qué se trata todo este movimiento. No, no se trata de la paz. Es puro odio contra Israel», manifestó Erlich en un post en sus redes sociales, donde se podía ver una imagen de las protestas con un texto superpuesto que planteaba la pregunta: «¿Por qué???».
Desde Madrid, la secretaría de Acción Social, Carmen Arnaiz, en declaraciones a medios locales, discrepó diametralmente con la perspectiva de la representante israelí, afirmando que «no se puede hablar de paz ni de fin de un conflicto si no hay justicia».
En Valencia, los disturbios precedieron al partido de Euroliga de baloncesto entre el Valencia Basket y el Hapoel Tel Aviv. Unas 1.000 personas se concentraron en torno al Roig Arena y al menos cinco fueron detenidas, según la Delegación del Gobierno. La protesta, inicialmente pacífica, derivó en cargas policiales cuando algunos manifestantes intentaron bloquear el acceso del equipo israelí. «No se puede normalizar el deporte con genocidas», gritaban los activistas, en un gesto que conecta con los reclamos de boicot que ya fueron escuchados en septiembre durante La Vuelta. Estas protestas se replicaron en otras ciudades como Pamplona, Bilbao, Girona o Gijón, donde estudiantes y sindicatos menores llamaron a «pararlo todo para parar el genocidio».
