Zaragoza ha sido testigo de un momento de gran emotividad al reponerse al culto la imagen de María Santísima del Dulce Nombre, titular mariana de la Cofradía de La Humildad y Dulce Nombre. Este acontecimiento se lleva a cabo tras la finalización de un proceso de restauración que ha tenido lugar en las últimas semanas.
La figura sagrada fue trasladada al taller del imaginero Francisco Berlanga, quien es también el autor de la talla devocional. Berlanga, natural de Sevilla y discípulo de Francisco Buiza Fernández, es responsable de las demás imágenes del misterio, entre ellas la de Nuestro Señor Jesús de la Humildad. La restauración se realizó con el máximo respeto a la concepción original de la obra, siguiendo criterios técnicos y artísticos que el autor imprimió entre 1993 y 1994.
Este evento de reintroducción al culto de la Virgen coincide con la celebración del solemne quinario en honor de Jesús de la Humildad, creando un ambiente de alta intensidad espiritual para la cofradía. La imagen ha sido colocada en el altar levantado por el equipo de priostía, que ha cuidado hasta el más mínimo detalle, enfatizando la profundidad teológica y estética del conjunto.
María Santísima del Dulce Nombre aparece vestida de hebrea, en línea con la tradición iconográfica de la época de Cuaresma. Su indumentaria sobria acentúa el recogimiento y la contemplación del misterio de la Pasión. La imagen tiene una altura de 1,72 metros y es una talla de candelero en madera policromada para vestir, construida conforme a los cánones de la imaginería sevillana. Su rostro plasma el momento en que María rompe a llorar ante el sufrimiento de su Hijo, condenado a muerte por el Sanedrín.
Esta expresión refleja un dolor contenido y profundamente humano que se fusiona con la ternura maternal de quien acompaña a Cristo en su Pasión. Las manos de la imagen están dispuestas de forma que parecen llevarse una a los ojos, enjugando lágrimas, un gesto que humaniza la escena y acerca al fiel al drama íntimo de la Madre. Este llanto, delicadamente plasmado en la policromía del rostro, transmite la desolación de María ante la condena injusta de su Hijo, de quien es testigo impotente.
Los orígenes de esta imagen se remontan a la etapa previa de la cofradía, que originalmente se constituía como Hermandad de Jesús ante Caifás. En 1992, se firmó el contrato con Francisco Berlanga para la creación de la Virgen, inicialmente bajo la advocación de María Santísima del Desconsuelo, con un presupuesto de 700.000 pesetas. El escultor se comprometió a entregarla para la Cuaresma de 1994, basándose en un diseño original de 1984 que había realizado para Sevilla, una imagen que guarda un notable parecido con María del Carmen Doloroso.
La bendición de la imagen tuvo lugar el 19 de marzo de 1994 en una solemnidad celebrada en la iglesia de Santa Mónica, oficiada por el entonces obispo auxiliar de Zaragoza, D. Carmelo Borobia Isasa, junto con la imagen de Jesús de la Humildad. Alejandro Longines, el hermano mayor de la cofradía, ha expresado que la vuelta al culto de la Virgen del Dulce Nombre representa un momento de profunda emoción para todos los hermanos. «Hemos querido que su restauración la realizara su propio autor para preservar con total fidelidad la esencia y la expresión que él mismo concibió hace más de treinta años», apuntó.
Además, Longines destacó que «la coincidencia con el quinario de Jesús de la Humildad no es casual, sino providencial. Contemplar a la Madre vestida de hebrea, en actitud de enjugar sus lágrimas, en el altar preparado por nuestra priostía, nos ayuda a vivir con mayor intensidad el misterio de la Pasión y a renovar nuestro compromiso cristiano».
El hermano mayor exhortó a todos los fieles y devotos a acercarse al templo para «reencontrarse con el rostro de una Madre que llora con nosotros y por nosotros, pero que también nos enseña a esperar con fe». La advocación del Dulce Nombre se relaciona con la tradición de la Iglesia que celebra el nombre recibido por la Santísima Virgen ocho días después de su nacimiento, de acuerdo con la costumbre judía, agradeciendo los beneficios y gracias que los fieles reciben por su mediación. Esta festividad fue instituida por el Papa Inocencio XI en 1683, aunque ya se conmemoraba en España desde el siglo XVI.
Con su regreso al culto, en el contexto del quinario de su Hijo y enmarcada en el altar preparado por la priostía, la Cofradía de La Humildad y Dulce Nombre invita a hermanos y devotos a contemplar de nuevo el rostro de la Madre que llora con esperanza, siendo testigo fiel del misterio redentor de Cristo.
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