ALMERÍA, 22 Abr. (EUROPA PRESS) – La juez de la Plaza número 1 de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Vera (Almería) ha acordado libertad provisional para B.Y.B.O., la mujer investigada por malos tratos y asesinato ante la muerte de su hijo de cuatro años, ocurrida el pasado 3 de diciembre en Garrucha (Almería). Esta decisión se ha tomado debido a la «inminente situación de parto» de su futuro bebé.
En un auto emitido este mismo martes, al que ha tenido acceso Europa Press, la instructora establece esta medida a raíz de la petición cursada por la Fiscalía de Almería. La mujer deberá comparecer cuantas veces sea llamada por el tribunal, le han retirado el pasaporte y se le ha prohibido salir del territorio español.
El Ministerio Público había solicitado el cambio de situación de la investigada, quien se encontraba en prisión provisional desde diciembre, considerando el avanzado estado de gestación y la comunicación del centro penitenciario de El Acebuche, que informaba del inminente parto.
B.Y.B.O. compareció ante la jueza el pasado 8 de febrero para prestar declaración por primera vez en el procedimiento. Sin embargo, en esa ocasión, la instructora prorrogó la prisión provisional, tanto para ella como para su expareja sentimental, J.D.R.C., también investigado por los mismos hechos. La madre de Lucas lo incriminó de lo sucedido.
La investigada se desligó del crimen de su hijo durante su declaración, afirmando que el pequeño «ya estaba muerto» cuando llegó a su hogar, donde vivía con J.D.R.C., quien estaba al cuidado del niño y sin que ella hubiera presenciado ninguna agresión.
Detalles del Caso y la Versión de la Investigada
A preguntas de las partes, salvo de la defensa del coacusado, la mujer presentó una versión que la alejaba del lugar del crimen en el momento del supuesto asesinato. No obstante, sigue siendo investigada frente a los indicios contrarios que sostiene la Fiscalía, que considera que la madre de Lucas habría sido conocedora y que no habría evitado las agresiones.
Fuentes judiciales consultadas detallaron que la investigada explicó que el día de los hechos el menor no asistió al colegio por presentar «cólicos» y tener «muchos gases». Por ello, ella se fue a trabajar y regresó alrededor de las 13:00 horas a la habitación de la casa compartida, con la intención de darle una «manzanilla».
Según su versión, al regresar, vio al niño en la cama «acostado» y «mirando hacia la pared», por lo que creyó que estaba «dormido». El padre le advirtió que no lo despertara porque tenía «sueño». No fue hasta más tarde que se percató de que el pequeño no reaccionaba ni respiraba. En su relato, manifestó que su pareja realizó maniobras de «RCP» al menor y le dijo que «estaba dormido». Aunque ella quería llamar a la ambulancia, el investigado le «quitó el teléfono» y la «amenazó con un cuchillo» para que no abandonara la habitación mientras él hablaba por teléfono en el exterior.
La mujer relató varios episodios de malos tratos hacia ella y cómo se vio obligada a convivir con su pareja a pesar de existir una orden de alejamiento. Negó que el detenido le hubiera avisado sobre lo ocurrido en las llamadas previas mantenidas esa mañana.
Salida a la Playa a Punta de Cuchillo
Asimismo, insistió en que el hombre la instó a salir con el niño para «ir a caminar a la playa», huían del domicilio alrededor de las 17:00 horas con el menor ya muerto y arropado.
La mujer, quien también afirmó que el investigado portaba su teléfono, expresó haber sospechado que su pareja se deshiciera del cuchillo en un contenedor de basura durante el paseo. Durante este recorrido, le obligó a enviar un mensaje de audio a su padre diciendo que el menor «había desaparecido». Además, aseguró que el acusado se comunicó por mensajes con su madre, quien le pidió que «se marchara» y «borrara» las conversaciones.
Conforme a su versión, la mujer fue abandonada con el niño en un punto de la playa, después de que su pareja le dijera que no se moviera de allí, sin que ella lo volviera a ver. Fue entonces cuando ella decidió entrar en el búnker donde posteriormente se halló el cadáver del pequeño.
La mujer alegó que «se desmayó» en el interior del búnker debido a que padece «problemas de corazón», y que al despertar salió siendo ya alrededor de las 23:00 horas, intentó comunicarse con su pareja sin éxito y se dirigió hacia la Guardia Civil, donde luego se encontró con él.
Sin Apreciar Agresiones
Durante su comparecencia, la mujer aseguró que, salvo en una ocasión, nunca había visto a su pareja agredir al menor. Narró que, desde que se trasladó a vivir a Garrucha, él intentaba vestirse y bañar al niño, por lo que no había podido observar lesiones en su cuerpo.
Señaló las amenazas que habría sufrido por parte de su pareja, especialmente tras la sentencia judicial por malos tratos emitida el 20 de octubre de 2025, que ordenaba el alejamiento, aunque él regresó a vivir en el piso que compartían. La mujer explicó que era el investigado quien llevaba al niño al colegio o a otros lugares, por lo que ella «nunca estaba sola» con el pequeño, quien no le manifestó ninguna dolencia. Solo en una ocasión vio un «morado» en su cara pero no lo llevó al médico porque J.D.R.C. «no le dejó».
Cabe señalar que el informe ampliado de la autopsia del menor destacó una serie de lesiones «antiguas» en el nivel óseo compatibles con malos tratos, que pudieron haberse producido por puñetazos, patadas o agresiones con objetos contundentes entre tres y seis semanas antes de su fallecimiento.
Niega que Hubiera «Brujería»
La madre de Lucas también desmintió que el menor hubiera sufrido «brujería» o «ritos satánicos», como sostiene la defensa del otro investigado. Este último atribuyó a prácticas rituales las lesiones que llevaron a la muerte del niño.
Un informe forense concluyó que el menor murió a causa de un traumatismo abdominal «violento» que se produjo en el contexto de un «politraumatismo», lo que causó un desgarro hepático y un shock hemorrágico. Así, se descartó la teoría de un «sobado» en la zona abdominal debido a prácticas de curanderismo para aliviar dolores de estómago, como alegaba la defensa del coacusado. Aunque la madre del menor reafirmó que «nunca» lo maltrató, admitió que el niño sentía «mucho miedo» de su pareja.
