BILBAO, 4 de mayo. (EUROPA PRESS) – El profesor de Vitoria, Salim Malla, ha llegado esta mañana al aeropuerto de Loiu tras haber viajado en misión humanitaria con la Global Sumud Flotilla, que fue interceptada por Israel mientras se dirigía a Gaza. En su encuentro con los periodistas, Malla denunció su «secuestro en un campo de concentración flotante» y los «maltratos físicos y psíquicos» que él y otros activistas sufrieron durante su detención. Según ha afirmado, fueron mantenidos sin comer, beber ni dormir durante días, y observó que algunos de sus compañeros presentaban lesiones graves, incluyendo «la cara reventada y las costillas rotas». «Hacían lo que querían con nosotros», subrayó.
Al descender del avión en el aeródromo vizcaíno, Malla reclamó la liberación de dos activistas: el español Saif Abukeshek y el brasileño Thiago Avila, quienes aún permanecen encarcelados «por el Estado genocida de Israel». «Pido a los Gobiernos de España y de Brasil que hagan lo posible por liberarlos, ya que corren peligro», advirtió.
Además, relató cómo vivieron los integrantes de la Flotilla «en ese campo de concentración flotante». Malla describió el suceso como un «pequeño ejemplo de lo que sufren los palestinos desde hace 70 años», indicando que fueron secuestrados en el Mediterráneo, a 60 millas de Creta, y que 22 barcos con 180 personas fueron retenidos. «El abordaje fue con armas de fuego», narró, mencionando que veían «los punteros láser en nuestras cabezas y cuerpos».
Tras ser trasladados a una nave militar israelí, les obligaron a «andar de rodillas durante 200 metros y más de dos horas», donde fueron clasificados uno por uno. «Nos pusieron identificación y nos metieron en un recinto, que era este campo de concentración, formado por tres contenedores de carga de petroleros. En esos contenedores estábamos apilados, sin más para dormir que espumas de aislantes de obra», añadió.
Durante su detención, según Malla, si los prisioneros intentaban dormir, les mojaban el suelo para despertarlos, les hacían «conteo» y los forzaban a estar de rodillas con las manos en la cabeza durante largas horas. «No había regla ninguna. Allí hacían lo que querían con nosotros», expresó.
Maltratos y humillaciones
Malla declaró que es «alucinante» que Israel les interceptara «a 600 millas de Israel, a más de 1.200 kilómetros, en el Mediterráneo, en Europa». «Estuvimos dos días en el campo de concentración flotante, allí sufrimos maltratos físicos y psicológicos. Nos apuntaron con armas de fuego, nos humillaron, nos clasificaron con un número, nos privaron del sueño, nos aislaron y sufrimos agresiones físicas, hacinamiento, escasez de agua, de comida y de aseo», explicó. Resaltó que «fue bastante duro, sobre todo, porque no sabíamos cuánto iba a durar eso».
Como resultado de este trato, Malla informó que 30 personas fueron al hospital al llegar a Creta, de las cuales seis fueron ingresadas. «Había hombros dislocados, traumas faciales, traumas craneocefálicos y había un chico con seis costillas rotas que todavía sigue en el hospital», agregó. Desde allí, el Ejecutivo turco, a través de la Global Sumud Flotilla, les organizó un vuelo para trasladarles a Turquía.
En Turquía, Malla y los otros activistas recibieron un reconocimiento médico, psicológico y se les ayudó a presentar una demanda ante la Corte Penal Internacional por violación de derechos humanos y otras leyes internacionales. Al mismo tiempo, subrayó que 22 barcos han sido destruidos, dejándolos a la deriva, mientras que 33 se han salvado y están en Creta, a la espera de salir.
«Seis barcos griegos más pretenden unirse y otros 16 también quieren continuar desde Turquía. En total, 55 barcos aún están pendiente de esa tormenta para continuar la misión», indicó Malla.
Finalmente, Malla aclaró que la Global Sumud Flotilla está formada «por personas normales». «Yo no soy activista, soy artista y profesor universitario, que tomé la decisión de tomar acción y formar parte de ese movimiento. Hay personas de más de 150 países, con edades entre los 20 y 76 años», concluyó. Además, mencionó que aún hay vascos en Creta. «Yo vi la posibilidad de montarme en este avión y estaba claro que era mejor volver, y así lo hice», dijo, pero advirtió que hay quienes desean quedarse.
Este mismo lunes, se espera que a las 18:45 horas lleguen al aeropuerto de Loiu en Bilbao más participantes de la delegación vasca en la flotilla humanitaria.
