El Papa León XIV ha defendido un mundo «sin murallas» e instado a las mafias a acabar con el tráfico de personas migrantes, pues afirma que «el dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro». Durante un acto celebrado el 12 de junio de 2026 en la plaza del Cristo de La Laguna, en San Cristóbal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, ante más de 2.000 personas, el Papa escuchó testimonios de migrantes y organizaciones dedicadas a las redes de acogida.
La lucha contra el tráfico de personas
En su discurso, el Papa hizo un llamado contundente al detenerse y «convertirse», resaltando que por cada vida perdida y cada familia engañada, los organizadores de trata «tendrán que comparecer ante la justicia divina». Instó a romper las «cadenas» del tráfico humano y a «reparar cuanto puedan», porque «aún hay tiempo».
León XIV arguyó que «la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana». También subrayó que las barreras más difíciles de derribar «no siempre son de piedra», sino que pueden residir en la mirada, el miedo o la indiferencia de los demás.
Reflexiones sobre la integración
Durante su discurso, el Papa reflexionó sobre la integración, indicando que «integrar no significa borrar la historia de quien llega», sino que debe ser un «camino recíproco». Quien llega «aprende a habitar en una tierra nueva», mientras que quien recibe «aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad».
León XIV hizo un llamado a los católicos para que la integración no se limite a una labor social, «por necesaria que sea», ya que aunque los migrantes requieren «pan, techo, lengua, trabajo y protección», también deben encontrar una comunidad donde puedan «conocer a Jesucristo».
El Papa enfatizó que la vida de las personas migrantes no es un «descarte», su sufrimiento «no es invisible» y su dignidad «no ha quedado disuelta» en las aguas que cruzaron. «Buscan también algo más, una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir», explicó.
La responsabilidad cristiana
El Papa insistió en que una «conciencia cristiana no puede permanecer indiferente» ante las víctimas de naufragios y la falta de ayuda ante los «cementerios del mar». Alertó sobre el «naufragio silencioso» que representa quedar solo en una ciudad sin conocer el idioma, sin vínculos y expuesto a la vulnerabilidad.
León XIV subrayó que «quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad», lo que representa una forma preciosa de misericordia.
Asimismo, resaltó que «integrar es impedir ese segundo naufragio», ayudando a que quien ha llegado lastimado «no quede fijado para siempre en su dolor», sino que pueda levantarse, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad.
Finalmente, recordó a los migrantes de Latinoamérica, Filipinas y otras regiones, quienes «forman parte de la comunidad» y «ayudan a renovarla». «Déjense también evangelizar por ellos», concluyó el Papa.
